Máster devaluado

JOSÉ MARÍA CALLEJA

El asunto ha llegado ya a la policía. Una profesora ha declarado ante los agentes que su firma fue falsificada, que ella no examinó nunca a Cristina Cifuentes y que el director del ya famoso máster, Enrique Álvarez Conde, la coaccionó para urdir una coartada que exculpara a la presidenta de la Comunidad de Madrid y a la propia Universidad Rey Juan Carlos. La profesora Alicia López de los Mozos lo ha dicho así a la policía, lo que significa que acabará habiendo un juicio por la falsificación de un documento, delito que puede acarrear cárcel.

La espiral informativa y política es de una intensidad omnívora y puede traducirse en que el PP pierda el Gobierno de Madrid en las próximas elecciones autonómicas, previstas para el año que viene. Perder Madrid tendría una importancia cuantitativa y cualitativa de extraordinarias dimensiones para el PP.

Si la manera en que se refiere Mariano Rajoy a los miembros de su partido que han cometido presuntas irregularidades son un indicador que informa de su futuro político, no parece exagerado afirmar que Cifuentes acabará dejando la presidencia, pese a su resistencia un punto más que numantina.

El precedente 'murciano' -el presidente de aquella comunidad (PP) fue 'dimitido' en el tiempo de descuento, un minuto antes de que se presentara una moción de censura en su contra-, permite especular con una larga duración de esta crisis, en la que cada día hay más munición contra la presidenta madrileña.

Pero lo peor de todo esto no es lo que le pueda pasar al PP en Madrid y, por extensión, en toda España en unas elecciones generales. Lo peor es el desprestigio de la Universidad, de los másteres y de los políticos. Uno dice ahora la palabra máster y todos los que la escuchan reaccionan con una sonrisa, con una idea de desprestigio de esa palabra. No sé si habrá que inventar otra, pero de momento muchos políticos han sometido a un severo adelgazamiento su itinerario de méritos, han quitado la palabra ya maldita de ellos o bien han echado la culpa a quien les ha hecho el resumen de sus presuntos méritos.

El ya denominado escándalo ahonda en la pérdida de confianza, en la sensación de fraude, en la idea de que no merece la pena esforzarse y hacer bien los deberes, que se trata de buscar atajos para inflar el Currículum. De cómo se resuelva esta historia dependerá que se recupere esa confianza o bien sirva de coartada para futuras inflamaciones en la configuración de los CV, algo que es evidente que no ha inaugurado Cifuentes.

En este punto, las personas que sí han hechos sus másteres, que en no pocas ocasiones han pagado un dineral por ellos -en la propia universidad de la que hablamos- se expresan con una mezcla de indignación y amargura.

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