Masacre en el Sinaí

La tribuna

La península del Sinaí es 'tierra de nadie'. Allí, la guerra de guerrillas terrorista contra el ejército egipcio es de gran intensidad. Es hoy un potente 'santuario' del Daesh

El autodenominado Estado Islámico (Daesh) ha sido territorialmente derrotado en Irak y en Siria, con consecuencias geoestratégicas que serán en su día objeto de reflexión pormenorizada. Pero la hidra 'ideológica' del Daesh sigue en pir de guerra terrorista y asimétrica globalizada, en particular contra los países árabes que califican de impíos e infieles (hoy podríamos decir que todos) y contra el Occidente que califican de cruzado, perverso y sionista. El Daesh ha cambiado su 'base territorial', en la que ha sido vencido, por una 'base virtual' en Internet desde donde agita la propaganda e instruye a sus franquicias activas o durmientes. El reguero de terror, muerte y destrucción se expande por países asiáticos, africanos, europeos y de América del Norte. Y no vemos que cese.

Los países europeos son objetivos prioritarios porque para el Daesh ahí encuentra el origen del 'mal'. España no está inmune, como lo demostraron los recientes ataques terroristas en Barcelona y en Cambrils. Algunos estados de la Unión Europea se encuentran en 'alerta máxima' (Francia, Reino Unido, Bélgica, Italia). La alerta en España es de nivel inferior aunque reforzada. Cabría preguntarse por qué la UE no unifica desde Bruselas el nivel de alerta con nuevas cotas de cooperación antiterrorista. Con los datos que conocemos, el riesgo de atentados terroristas es difícilmente previsible. Pueden tener lugar en cualquier país y en cualquier momento. Si las ciudades se llenan de bolardos y bloquean sus arterias principales (lo que es bien acogido por la ciudadanía) a la entrada de vehículos asesinos, el Daesh cambiará de 'modus operandi'. Es de manual de escuela primaria. Coincido con los que afirman que el riesgo cero no existe en ningún lugar, pero se puede atenuar con una intensificación en la coordinación de los servicios de información a escala nacional y europea, en primer lugar a nivel municipal.

La península del Sinaí hoy es 'tierra de nadie'. Allí, la guerra de guerrillas terrorista contra el ejército egipcio -que ha sufrido muchas bajas en numerosos atentados- es de gran intensidad. Lugar desértico y poblado por ancestrales tribus beduinas que no son musulmanas, el Sinaí es hoy un potente 'santuario' del Daesh, nutrido por la espantada de los milicianos terroristas de Irak y de Siria y abastecido por un invisible mercado negro de armamento, en donde hay que incluir las armas que se encontraban depositadas en Libia tras la caída de Gadafi. En la ciudad del El Arish, al norte del Sinaí, ha tenido lugar la masacre de más de 300 muertos y más de 100 heridos, en un viernes, día de la oración en la mezquita. Dicen las crónicas que los terroristas también atentaron contra las ambulancias que llegaban a dar asistencia a las víctimas. En medio de tanto dolor, al sur de la ciudad masacrada se encuentra el monasterio greco-ortodoxo de Santa Catalina, justamente al pie del bíblico monte Horeb, lugar del relato de la entrega de las Tablas de la Ley por Dios a Moisés. Este monasterio ha sido habitado ininterrumpidamente hasta el presente desde el siglo VI. Hoy es Patrimonio Mundial de la Humanidad. Nunca ha sido objetivo de robos, saqueos, asaltos o destrucción. Desde Mahoma, fundador del islam, pasando por los califas musulmanes, los sultanes turcos, los cruzados... hasta Napoleón, todos protegieron a este monasterio. Dícese que Mahoma pernoctó allí en uno de sus viajes, existiendo un edicto por él firmado (cuya copia pude ver en uno de mis viajes al Sinaí) colocando al monasterio de Santa Catalina bajo su protección. En el monasterio se encuentra una biblioteca de pergaminos y libros antiguos que se estima es la segunda después de la Biblioteca Vaticana. También hay una colección de iconos de la primera época de gran valor histórico-cultural. Se puede deducir que el citado edicto de Mahoma es la razón que ha evitado que el Daesh y sus franquicias terroristas atacasen al monasterio. La dispersa y casi invisible población beduina no musulmana en lugar tan inhóspito mantiene buenas relaciones de vecindad, con evidente elementos sincréticos, con los monjes ortodoxos.

La península del Sinaí es el punto de encuentro entre continentes y la separación de dos mares. Puerta entre África y Asia y puente entre el Mediterráneo y el mar Rojo. Es la ruta directa entre Europa hacia el océano Índico y el Extremo Oriente, y viceversa. Esto explicaría no sólo el trasiego de terroristas huidos de Siria y de Irak, sino una 'guerra de guerrillas terroristas' en un desértico 'santuario' (con ciertas semejanzas con el Sahel, pero de diferente orografía) para atentar contra poblaciones egipcias y contra el presidente de Egipto, Al Sisi. Nueva 'base' para reorganizar el terror y expandirlo por África y la cuenca mediterránea. Rusia y Estados Unidos vuelven a repartirse las influencias con una nueva guerra fría en el Oriente Medio y el Mediterráneo tras la derrota 'territorial' del Daesh. Europa no puede quedarse como observador ante la reconstrucción de Irak y de Siria y ante la expansión del terrorismo en la orilla sur del Mediterráneo y en el Sahel.

En los asesinatos del Daesh, los musulmanes masacrados inclinan la balanza. Es urgente comprender que se trata de una guerra global y no entre religiones. Sería una trampa caer en este tipo de análisis.

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