Martillo de herejes

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Teresa Rodríguez es la Martirio sin peineta de la política andaluza. Con menos arte que la cantante onubense, la diputada anticapitalista roteña derrocha sorna y veneno con cada una de sus declaraciones. En este tiempo de calor y tardes eternas, se agradece que se atreva con el martinete, tan olvidado en nuestra tierra. Ha sacado a pasear el martillo, dormido en las letras de Miguel Poveda, y se lo ha entregado a los dirigentes populares a los que ha acusado de perseguir a los denominados nuevos herejes, que según ella no son otros que los políticos contrarios a recordar el asesinato de Miguel Ángel Blanco hace veinte años. Ha venido al rescate de su compañero de formación morada, el regidor de Cádiz, que entendió que este recuerdo era ya un tema amortizado para sus correligionarios y no quiso saber nada del tema. Ella no dudó en defenderlo arrancándose con: «A mí me toca aguantar, cuando yo sea el martillito, negras las vas a pasar». Olé.

La España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio, que no existía ya ni en los libros de Menéndez y Pelayo, brilla de nuevo en los discursos de Teresa Martirio Rodríguez. Su aportación a la polémica de la semana, relacionada con el recuerdo por parte de los representantes públicos de la rebelión cívica de los españoles plantando cara a los terroristas y a sus defensores tras el cobarde asesinato del edil popular, sin duda ha sido de lo más extemporáneo de la misma.

La memoria es necesaria pero casi nunca es suficiente para la Historia. Debe haber un compromiso previo con el respeto a la verdad, para que la oposición entre memoria y olvido no se convierta en una trampa. La justicia con el cómo se desarrollaron los hechos nos ayuda a construir señas de identidad que puedan llegar a ser compartidas por una sociedad en su conjunto. En este aniversario de todo lo ocurrido en el año 1997 donde por una parte se liberó a Ortega Lara y ETA asesinó vilmente a Miguel Ángel Blanco, hemos comprobado que en nuestra sociedad algunos dirigentes políticos no han querido ser respetuosos con la verdad y por tanto no han podido ser justos en sus posicionamientos. Los que vivimos esos años estamos obligados no a construir un relato de lo que aconteció, sino a transmitir la verdad de unos hechos a las generaciones que no conocen qué fue el Espíritu de Ermua, y su grito descarnado de no doblegarse ante los terroristas y sus cómplices. La España de nuestros días sólo puede explicarse contando a los más jóvenes que desde la política se asfixió a ese movimiento cívico, y le siguió a esa traición el pacto de Estella, el plan Ibarretxe, la reunión en Perpiñán con ERC, el denominado proceso de paz y la derogación de la doctrina Parot con la excarcelación de los verdugos, entre otros hitos políticos a destacar.

Correspondo a la líder morada con un fandango: «Cantar es decir verdades, con un poquito de son; son palabras que a los labios, llegan desde la razón».

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