Margaritas

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Hay noticias más difíciles de explicar que otras. En el último pleno de Torremolinos, Margarita del Cid fue destituida, reelegida y nuevamente cesada como representante del Ayuntamiento en la Mancomunidad Occidental. Se armó tal lío que ahora nadie sabe si sigue formando parte de la institución que dirige, aunque ella continúa ejerciendo como presidenta. Por si acaso. Con los cargos ocurre como con los títulos nobiliarios: nunca sabes cuándo va a llegar alguien para exigir que los retiren. Siempre queda el derecho al pataleo, como ha demostrado Carmen Martínez-Bordiú reclamando el ducado de Franco. La nieta del dictador ha publicado un requerimiento oficial en el BOE porque más vale pedir que robar. Pero volvamos a Torremolinos. La secretaria municipal deberá aclarar en los próximos días si el carrusel de nombramientos y ceses aprobados la semana pasada tiene validez o no. Mientras tanto, en apoyo a Del Cid, algunos concejales del Partido Popular han subido a sus redes sociales imágenes de margaritas, incluso como foto de perfil. Es su peculiar versión de la revolución de los claveles: el levantamiento de las margaritas. En la vida se pueden ser muchas cosas pero nunca cursi.

Los ediles del PP confunden su cohesión como grupo con una continua genuflexión innecesaria que podría dar la impresión de que nada ha cambiado; han pasado de venerar a Fernández Montes, a quien no rechistaron ni una sola vez en veinte años (y ahora se arrepienten), a hacer lo mismo con Del Cid. La propuesta de su destitución partía de IU y era previsible que fuera respaldada por los grupos de izquierda. La incógnita era saber qué haría Ciudadanos, que en Torremolinos no termina de encontrar identidad propia y arrastra una evidente brecha interna desde hace meses, con dos de sus concejales, Antonio Linde e Ignacio Rivas, posicionados como fieles escuderos de Del Cid (Rivas es titular de una delegación creada para la ocasión en la Mancomunidad) y otra edil, Ángeles Vergara, claramente situada del lado del alcalde socialista José Ortiz. Vergara sufrió un inoportuno cólico que le impidió acudir al pleno, una ausencia fundamental para que el PP y Ciudadanos perdieran la mayoría plenaria que ostentan y la destitución saliera adelante contra todo pronóstico y hasta en dos ocasiones. A Del Cid le convendría preguntarse por qué. Por suerte, Vergara se recuperó a tiempo de salir en procesión el Domingo de Ramos, aunque tal vez habría sido más recomendable reaparecer el Domingo de Resurrección por aquello de evitar suspicacias. Hasta los dioses necesitan más reposo.

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