Mares, medicinas y manifestaciones

La acidez del mar y la resistencia a los antibióticos son problemas existenciales. Literalmente. Si no encontramos soluciones no importa si Cataluña se independiza o no

No cabe duda de que el futuro de Cataluña es un tema muy importante. La organización interna de un estado es clave porque los países bien organizados son países con éxito. La economía funciona mejor, la convivencia está asegurada y los políticos pueden centrarse en las cosas que realmente importan en la vida cotidiana del pueblo. Por desgracia, nada de esto es lo que está ocurriendo en Cataluña. El debate actual -desde la huida de las empresas hasta las relaciones rotas- tiene costes reales. Pero también existe lo que los economistas llaman un coste de oportunidad: el coste de no aplicar la inteligencia, no usar el tiempo y no destinar energía a solucionar otros problemas. Y el coste de oportunidad del debate catalán es muy alto. Como uno de los países más desarrollados en el mundo occidental, España -en conjunto- debería estar entre los países punteros que buscan soluciones a los apremiantes retos globales. Pero no es así. En los últimos meses el debate interminable sobre Cataluña ha ahogado otras noticias. Eso es triste porque, a largo plazo, dichos problemas podrían afectar a muchas más personas dentro y fuera de Cataluña. Y basta con dos ejemplos.

Hace unos días que se publicó el avance de un informe sobre el nivel de ácido en nuestros mares. Patrocinado por una fundación alemana, dicho informe no es ordinario ni se ha hecho de la noche a la mañana. La investigación ha tardado ocho años en cumplirse e incluye también las conclusiones de centenares de estudios más. El informe es el fruto al trabajo de 250 científicos y oceanógrafos de diferentes países. Los resultados son escalofriantes.

El título, 'Los Impactos Biológicos de la Acidificación del Océano', no es muy llamativo, pero las conclusiones sí lo son. Muchas personas ahora entienden que hay un problema con las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera; es el gas el que causa el calentamiento global. Lamentablemente, ese no es el final del problema. Como explican los científicos, el CO2 también se disuelve en el agua de mar. Como consecuencia, el nivel de pH disminuye y el nivel de acidez aumenta. Los seres humanos que toman un chapazón para aliviar el calor del verano no se dan cuenta. Pero muchos organismos y especies marítimas sí lo notan y su lucha por sobrevivir es cada vez más difícil. Y si no actuamos para frenarlo, los resultados para nuestra cadena alimenticia podrían ser muy negativos. Por ejemplo, los científicos identifican el bacalao como un pescado especialmente vulnerable y estiman que su número podría disminuir en un 75-80% en el futuro. Incluso si estas cifras no son completamente precisas, no es difícil prever cambios importantes para el ecosistema de nuestros océanos y, lógicamente, para nosotros. Para España, con una industria pesquera muy desarrollada, el impacto podría ser muy importante.

Quizás más preocupante aún fue un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMH) hace días. Trataba, una vez más, de un problema conocido pero aún no abordado: la resistencia a los antibióticos. De todos los avances en medicamentos en el siglo XX, el de la penicilina ha sido, sin alguna duda, el más importante. Pero muchos científicos ahora temen que su eficiencia no esté asegurada en el siglo XXI. En un lenguaje frío y seco, el último informe de la OMS dice que «la resistencia a los antibióticos es una de las amenazas más importantes para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo actual». No son las personas y los animales resistentes a los antibióticos sino a las bacterias. Y las bacterias pueden multiplicarse y propagarse. El informe explica que, sin medidas urgentes, estamos en el camino hacia una etapa posterior a los antibióticos «en la que infecciones comunes y lesiones menores pueden volver a matar». En otras palabras, volveremos al mundo de nuestros abuelos que vivían con miedo a la neumonía, la tuberculosis o una operación en el hospital. Habrá menos carne porque nuestros animales no tendrán protección. Sin embargo, sin imágenes emocionales o de retórica flamante, la advertencia de la OMS ha pasado, una vez más, sin comentarios.

La acidez del mar y la resistencia a los antibióticos son problemas existenciales. Literalmente. Si no encontramos soluciones no importa si usted es español o catalán, si vive en Gerona o Granada. El impacto será el mismo para todos. El diseño de la bandera que ondea sobre los ayuntamientos no hará que nuestro mar sea más limpio ni nuestros medicamentos sean más efectivos. ¿El conflicto catalán es importante? Claro que sí. Pero hay otros temas que también lo son. Incluso más.

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