'Manuel' de Cervantes

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La definición del Premio Miguel de Cervantes no deja lugar a la duda: «Es un premio destinado a la labor creadora de escritores españoles e hispanoamericanos cuya obra haya contribuido a enriquecer de forma notable el patrimonio literario en lengua española». ¿Qué mejor forma de contribuir al enriquecimiento de la lengua patria que a través de la ventana diaria de un periódico? ¿Qué mejor manera de hacerlo día a día en artículos que son todos una joya literaria, con una gramática perfecta y una utilización de los signos de puntuación que son magisterio para el lector? Pero, aparte y encima, ahí están sus poesías, y su producción literaria, incluso su forma de entender la vida, que eso es algo que siempre he creído tiene que importar a la hora de conseguir premios que llevan a la gloria. A la gloria en vida. Por eso, el gran candidato al Premio Miguel de Cervantes es hoy por hoy Manuel Alcántara, y el propio ministro de Cultura lo reconocía minutos antes de entregarle la encomienda de Alfonso X El Sabio. Es el candidato idóneo, porque se lo merecen, la distinción y él. Manuel Alcántara es una joya de la literatura española, y aquí en Málaga llevamos décadas disfrutándolo desde las páginas de SUR, para exportarlo después al mundo patrio a través de todos los rotativos de Vocento. Porque Alcántara es una rara avis en este mundo de escritores y articulistas, de poetas y narradores. Una persona que escribe sabiendo lo que escribe y cómo lo escribe. Todos los conceptos a la vez son complicados de sumar, y si se hace, el resultado final es M-A, o sea, Manuel Alcántara.

Emocionado con la vida, que la disfruta plenamente, nuestro ilustre paisanos debe recibir en vida todas las distinciones habidas y por haber. Las merece y las disfruta, que de eso se trata también. Y Málaga debe hacer una suma, empezando por sus diarios lectores, para dirigirse al Ministerio de Cultura pidiéndole para su paisano predilecto el referido premio, la máxima honra que hay en las letras hispanas, porque se lo merece más que nadie o, al menos, igual que todos los que lo hayan recibido. El lujo de leer a Alcántara es un gozo para el lector pero también un privilegio para el periódico. Pero el jurado debe tener en cuenta otra cosa que no es menos importante: van a disfrutar como pocas veces cuando oigan la voz inconfundible del maestro dando las gracias por su distinción y hablando de Cervantes. Un escritor no sólo debe saber hacerlo, sino también leerlo, y en la persona del malagueño se citan todos los componentes positivos del que escribe, lee bien y sabe qué dice, por qué lo dice y tiene la cultura necesaria para que el auditorio disfrute de lo que será una lección magistral del futuro Premio Cervantes. No tengo dudas de que no hay candidato más idóneo, pero ahora los que lo otorgan tienen que pensar igual. Seguro que lo hacen, y por eso no estaría mal que desde nuestras autoridades locales al último lector de sus rincones diarios se pongan manos a la obra y recuerden al ministro sus propias palabras: «Manuel Alcántara el candidatos idóneo para el Cervantes». Pues venga, no tardemos ni un minuto más...

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