El mantra del SAS

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Cada vez que un colectivo sanitario denuncia las carencias que sufre en sus carnes en el ejercicio de su actividad profesional, la respuesta que dan los que mandan en la sanidad pública andaluz es que la asistencia está garantizada. Esas cuatro palabras son un mantra que se repite independientemente de quién formule la queja. Que los médicos de urgencias del Hospital Civil dicen que están desbordados de trabajo y que así no pueden seguir, el SAS replica: la asistencia está garantizada. Que los médicos de familia de los centros de salud malagueños critican la falta de sustituciones en verano (una reivindicación que también suscriben sus compañeros de las urgencias del Civil), anuncian cuatro concentraciones en julio y dos en septiembre y no descartan acudir a una huelga en otoño, la contestación del SAS es: la asistencia está garantizada. Que los enfermeros exigen más contrataciones para no vérselas y deseárselas a la hora de atender los pacientes, el argumento del SAS, como si fuese un copia y pega, es que la asistencia está garantizada. Pase lo que pase, ya sea por tierra, mar o aire, la asistencia siempre está garantizada. Parece que no hay otro argumento posible. Las palabras, cuando se repiten una y otra vez, pierden su valor y acaban convertidas en muletillas que se emplean para todo y que no valen para nada.

Hay cuestiones que solo tienen un camino. Por supuesto que la asistencia sanitaria tiene que estar garantizada. ¡Faltaría más! Pero una cosa es que hospitales y centros de atención primaria deban atender a todo el mundo, y de la mejor forma posible, y otra, completamente, diferente, que dispongan de los recursos adecuados para asegurar, mañana, tarde y noche, un servicio de máxima calidad. Con menos no se puede hacer más. Y eso tendrían que saberlo los dirigentes que, ocurra lo que ocurra, abren la boca y cierran los ojos para manifestar que la asistencia está garantizada. Si pusieran el mismo empeño en defender la aplicación de mejoras inmediatas en la sanidad pública que en defender, con razón o sin ella, que la asistencia está garantizada, tal vez fuese cierto que la asistencia estaba garantizada, porque ahora, por mucho que no sea políticamente correcto decirlo, no siempre lo está. O no lo está en las condiciones en que debería estarlo. La realidad es la que es y no cambia por mucho que algunos sean unos artistas en eso de hacer lo blanco negro. Al final, la verdad prevalece, pero no hay que preocuparse, porque, como se encarga el SAS de difundir: la asistencia está garantizada.

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