Manolete y Málaga, historia de un desamor

Manolete y su novia, Lupe Sino, en foto de la época./:: SUR
Manolete y su novia, Lupe Sino, en foto de la época. / :: SUR
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Cuentan que Manolete se quitó las zapatillas y las sacudió para quitarse la arena de La Malagueta; parece que horas antes, su novia, Lupe Sino, fue insultada por 'damas' de la alta sociedad malagueña y se marchó llorando...

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Un verano fugaz. Suele ocurrir que cuando los anuncios de El Corte Inglés advierten de la vuelta al cole, hasta las sardinas se deprimen, pero es así. Septiembre llega con dos hechos puntuales para Málaga, la Goyesca que ayer engalanó Ronda, y la festividad de la Patrona, la Virgen de la Victoria, que el día 8 saldrá de nuestra inconclusa Catedral en su vuelta triunfal al Santuario que erigieran en su honor los Reyes Católicos, que eran ambas cosas, reyes y católicos, mal que les pese a algunos de los nuevos 'descubridores' de la 'verdadera historia'. Agosto terminó además con dos efemérides que han llenado páginas de periódicos y horas de radio y de televisión, aparte de no pocos tuiters chorras y sin sentido: el veinte aniversario de la muerte de Diana de Gales, lady Di para todos, una mujer que se enfrentó a la rancia y rígida monarquía británica (pero respetada como ya nos gustaría a muchos que ocurriera aquí, en este país aún llamado España), y el 70 aniversario de la muerte en Linares del mito de la tauromaquia llamado Manuel Rodríguez'Manolete'. Ambos personajes, cada uno en tiempo y forma, tuvieron sus amores y desamores con Málaga, a la que estuvieron de una forma u otra relacionados. Uno y otro forman parte de la historia y de la leyenda. Uno y otro hicieron historia, y los dos tuvieron sus más y sus menos en Málaga, por causas bien distintas y muy desconocidas para la mayoría de los malagueños.

Vayamos por partes. Manolete no tuvo debilidad por Málaga, ni Málaga por Manolete. La historia habla de extrañas sensaciones, de diferencias inexplicables y de situaciones embarazosas. Y eso que Málaga en el horizonte del diestro cordobés tenía su 'puntito', porque fue en La Malagueta donde debutó como becerrista en un espectáculo cómico-taurino llamado Los Califas en 1933. Sin embargo, sus actuaciones y sus triunfos en la plaza de Reding fueron más bien escasos; es más pocos y mal contados. Como bien escribía Antonio Montilla en su gran reportaje de 'Abanico' titulado 'El paso de Manolete por La Malagueta', el diestro cordobés toreó muy poco en nuestro coso, en el que el triunfo se le resistió y que por eso quizás nunca estuvo entre los ruedos preferidos. Manolete toreó en Málaga como becerrista y como matador de toros, pero no lo hizo como novillero. Como matador, ya en plena gloria, hizo seis veces el paseíllo, debutando el 11 de agosto de 1940 en un mano a mano con Domingo Ortega, sin cortar trofeos, como ocurrió al día siguiente, alternando con el Niño de la Palma y Domingo Ortega de nuevo. Un año después, el 10 de agosto de 1941, de nuevo en feria, Manolete se vistió de luces en Málaga, siendo muy protestado en su lote. Obsérvese que el fenómeno taurino del momento, en tres corridas, con un total de 7 toros, no había cortado ni una oreja. Las críticas taurinas fueron demoledoras en esta ultima corrida, «Manolete guarda sus excelencias taurinas para Sevilla». La cosa resultó tan mal que no es hasta 1944 no volvió a La Malagueta, toreando tres corridas, para nunca más retornar a tierras malagueñas, al menos vestido de luces... El día de Reyes de ese año toreó un festival benéfico del que no hay crónicas ni apenas constancia, y las dos corridas posteriores fueron en el ciclo agosteño de la feria (entonces eran dos corridas tan solo): el 9 de agosto, cortando cuatro orejas y siendo paseado a hombros (¡por fin tocaba pelo el Califa en Málaga!), y el jueves 10, con toros de Pablo Romero, recibiendo ovaciones pero también fuertes protestas, especialmente en el último de la tarde, tanto, que según se cuenta, el diestro se descalzó para sacudirse la arena de sus zapatillas en un gesto de que no pensaba volver, como así ocurrió, a torear en esta tierra. No hay documento de este hecho, ni las crónicas lo recogen. Sí existe un demoledor artículo publicado hace años en el diario Córdoba por un testigo de aquella corrida, firmado por Rafael Mir, que decía entre otras cosas, lo siguiente: «Tuve la fortuna de ver muy de niño torear a Manolete. Fue en Málaga, que en los años cuarenta y tantos del siglo XX (10/8/44), era una plaza ignorante y de bocadillo. Es lógico: la tierra pegada a la mar no daba ganaderías ni toreros y en su plaza se daban muy pocas corridas, y estas pocas, para veraneantes (sic). La merienda después del arrastre del tercer toro era lo importante.

En tiempos en que no había televisión que aproximara, mi visión del torero en la plaza por primera vez (ya lo había visto varias veces de paseo con Camará por la avenida de El Brillante) me produjo sensaciones encontradas. Alguna defraudadora: Manolete era un ser humano, no un titán; parecía vulnerable como los demás. Para un muchacho casi niño éste era un descubrimiento desconcertante. Vulnerable sí, como ser humano, pero muy superior a los demás en la áurea que le circundaba. Es los que muchos llaman personalidad, ese halo que hace superiores a muy pocos...». Y tras relatar la primera faena, prosigue su escrito: «...En el segundo sin que estuviera especialmente mal, las lanzas se volvieron cañas, y aquel público ignorante y vocinglero se tornó en multitud agresiva que lanzaba por sus bocas toda la envidia que sentía por los veraneantes, la gente de tierra adentro, que venían a gastar y a descansar. Hoy cuesta trabajo estimar como posible tan elemental y ruda reacción, pero estamos recordando tiempos de mucha simplicidad y de innumerables agresividades encubiertas, de estimaciones muy groseras. Le dieron a Domingo Ortega dos orejas, no por dominar al toro, que lo hizo, sino por ponerle un gran sombrero de paja arrojado desde las localidades de sol.

En el hotel, cuando muchos cordobeses insultaban a los malagueños, comprobé personalmente el señorío, la prudencia y el humor soterrado del torero. Le dijo a mi padre, señalando a un amigo común que gritaba como un energúmeno:

-Si nuestro amigo sigue gritando así no vamos a salir de aquí con vida.

Salió, salimos, pero no quiso volver a torear en Málaga, de cuya arena sacudió las zapatillas, no por la bronca, sino por la injusticia y maldad de tal iracundia...».

¿Fue así? ¿Sucediò eso?... ¿Por qué ese desamor? Posiblemente no lo sabremos nunca, pero quizás los motivos estuvieron en un hecho que conocí oralmente a través de mis inolvidables Pacurrón y Salvador Salas padre, quienes escucharon una historia que a lo mejor explica los motivos: Manolete tuvo un solo amor, muy discutido por su pasado (no olvidemos, años 40...) y rechazado por doña Agustias, su madre. Lupe Sino, bellísima actriz de segunda categoría, 'chica Chicote', en cuyo bar la conoció por medio de Pastora Imperio, fue su novia, su amante y su vida, pero fue un amor a escondidas por todo lo dicho. Su romance comenzó en 1943, y un año después, en agosto, Lupe Sino, bajo seudónimo y a escondidas, vino con él a Málaga, hospedándose en otra habitación el mismo hotel que el torero. Aquella historia de amor, aireada por los medios de la época, bastó para que algunas damas reconocieran a la joven alcarreña, y no fueron precisamente piropos lo que le dedicaron, llamándola de todo menos bonita. Cuentan que cuando Manolete encontró desolada llorando a Lupe Sino, quien marchó corriendo de Málaga, juró no volver a pisar tierras malagueñas. Sea como fuere así pudo ocurrir... Como con la anécdota de las zapatillas, no existe constancia de este incidente, ni siquiera se habla del hotel, aunque parece que fue el Miramar. La leyenda tiene su cierta lógica por la época, la fama de Lupe (Antoñita Bronchalo Lopesino), rechazada por la sociedad y el círculo de amigos de su gran amor en una época llena de oscurantismo y de hondos prejuicios...

Lo que no es leyenda es que fue un malagueño, su subalterno y ex matador de toros Carnicerito de Málaga, quien le llevó las dos orejas y rabo de 'Islero' a la enfermería de Linares y quien estuvo, junto a Camará, Canito y otros miembros de su cuadrilla cuando Manolete fallecía en la madrugada del 29 de agosto por un plasma regalado por Holanda a España tras una tragedia minera en Cádiz y que estaba en malas condiciones, no sólo por la tremenda cornada del Miura. Esa noche, el hombre pasó de torero a mito y leyenda. Su desencuentro con Málaga sigue siendo un enigma, aunque en esta historia que dedico a Pacurrón y a Bori Salas puede estar la clave. Y nos quedamos sin espacio para hablar de lady Di y Málaga. La semana que viene.

No se olviden el día 8 de acompañar a la Virgen de la Victoria, nuestra Patrona. Pidámosle salud, prosperidad y que podamos terminar de una vez por todas nuestra Catedral...

Disfruten de la vida y permitan que servidor lo haga también. Buen septiembre.

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