Málaga-Cervantes

Málaga es una ciudad literaria y como tal debe ser reivindicada

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

La reunión de los directores del Instituto Cervantes celebrada en Málaga ha supuesto una nueva caja de resonancia para la vocación cultural de la ciudad. Francisco de la Torre, ante la Reina, el ministro de Exteriores, la presidenta de la Junta y el director del Cervantes, se metió en el bolsillo a todos los directores de los institutos enumerando los centros repartidos por el mundo y dándoles uno a uno la bienvenida. Desde París hasta Tokio pasando por Nápoles o Albuquerque. El alarde mnemotécnico fue recibido con varias ovaciones. A continuación y en un ejercicio de memoria que tiene casi el mismo grado de dificultad, el alcalde pasó lista a los museos de Málaga. También a su festival de cine, al próximo Centro Sefardí, a todas las manifestaciones que hacen de esta ciudad un emergente foco cultural. Al fondo, postergada, quedaba la literatura. Algo que en una reunión de una institución destinada a la difusión de la lengua no deja de resultar chocante y sólo se explicaría si Málaga fuese un páramo literario. Pero no. Sólo Madrid o Barcelona tienen mayor pujanza en el sector.

Sin querer emular la diáfana memoria del alcalde, uno, a bote pronto, puede poner sobre la mesa un elenco de escritores malagueños -con partida de nacimiento o de adopción- cuyos trabajos tienen una repercusión directa en los medios nacionales. Justo Navarro, Garriga Vela, Mesa Toré, Alvaro García, Jiménez Millán, Juan Francisco Ferré, Alfredo Taján, Juan Manuel Villalba, Antonio Montes, Isabel P. Montalbán, Juan Madrid, Pablo Aranda, Francisco Fortuny, Chantal Maillard, Aurora Luque, Guillermo Busutil, María Victoria Atencia, David Leo, Antonio Fontana, Ruiz Noguera, Isabel Bono, José Infante, Muñoz Rengel, y que me perdonen los que me dejo fuera. Si lo que se quiere es la purpurina de los premios literarios, los autores malagueños hoy en activo han sido galardonados con los premios Herralde, Nacional, Hiperión, Nadal, Adonais, Nacional de la Crítica, Loewe, Primavera, Rey Juan Carlos o Café Gijón. Por no mencionar que entre nosotros escribe cada día Manuel Alcántara, trabajan traductores como Vicente Fernández, se publica 'Litoral' y de aquí salen los libros de la editorial Pálido Fuego. Málaga es una ciudad literaria y como tal debe ser reivindicada.

Nadie duda que Francisco de la Torre ha dado un impulso brillante a Málaga en lo que a la cultura concierne. Pero también es cierto que en esa apuesta la literatura va quedando claramente atrás. Desde que Ciudadanos impusiera la desaparición del Instituto Municipal del Libro todo lo referente a la literatura tiene aire de Cenicienta. Por cierto, curioso el efusivo saludo que Juan Cassá dedicó a Alfredo Taján en el acto del que hablamos, arrepentido quizás del pecado, no venial, de ser el sepulturero del IML y de cuyo funcionamiento y esencia Cassá reconoció su desconocimiento (eso sí, una vez enterrado el IML). Muy rara o raquítica será una cultura que no se sostenga en la palabra y las ideas. Los libros quizás no atraigan turismo, pero sin ellos, quienes reciban a los turistas no pasarán de ser ciudadanos de segunda.

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