Carta del director

Málaga, lo primero; lo demás, después

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

El mejor y más generoso servicio que Francisco de la Torre podía haber hecho por la ciudad es haberse reinventado para liderar la segunda modernización de Málaga, que no es tarea fácil. Es decir, desde dentro o desde fuera, ponerse al frente de un equipo capaz de generar el impulso que Málaga necesita en los próximos veinte años para culminar lo que hoy es un caso de éxito. Da la impresión que De la Torre ha optado por agotar su presencia y gobierno hasta que no le queden más fuerzas para luego decir adiós, lo que dificulta el necesario sentido de la continuidad de la gestión. Es un matiz importante: no se trata de continuar con la inercia de los últimos años, porque inevitablemente se va perdiendo velocidad, sino de afrontar una nueva etapa. La ciudad -gobierne el partido que la gobierne- requiere rearmarse y configurar un modelo de administración más eficaz, profesional y solvente. En la ciudad de hoy no se puede ni debe trabajar como hace 20 años. Por ello, De la Torre -si renueva su mandato- no puede hacerlo solo; o casi solo. El conocimiento, experiencia y prestigio de De la Torre es fundamental para abrir nuevas vías para la ciudad. Sería un error que ese caudal se empleara en asuntos menores o de escasa relevancia para la ciudad más allá de potenciar, si ello es posible, la imagen personal de un alcalde ubicuo.

Si se analizan las necesidades de Málaga, podemos coincidir en la importancia de generar un relato y discurso solvente capaz de sostener conceptualmente el crecimiento de la ciudad: un modelo turístico sostenible, un proyecto cultural transversal apoyado en la ciudad de los museos, un plan de movilidad con especial incidencia en el transporte público, criterios para desarrollar el entorno tecnológico y, quizá lo más trascendental, el diseño de una estructura de asistencia social. Junto a estos cinco pilares, hay proyectos que comienzan a ser urgentes a pesar de que llevan décadas sobre la mesa.

La integración del cauce del Guadalmedina en la ciudad y en el espacio portuario, el ensanchamiento de todo el entorno del centro histórico con actuaciones en la zona norte, la avenida de Andalucía y la zona Este, la terminación del Metro y de la línea hasta el Hospital Civil -o a donde sea-, la solución a los problemas de estrangulamiento del Parque Tecnológico de Andalucía, la ordenación de toda la zona del Guadalhorce, con los problemas de inundabilidad, la renovación de las infraestructuras hidráulicas, el tercer hospital y los equipamientos complementarios en la zona Este y la mejora de la oferta de oficinas y plazas hoteleras acorde con la hoja de ruta turística, tecnológica y empresarial. Sin olvidar los retos provinciales de la ampliación del aeropuerto y nuevas redes de comunicaciones, la conexión ferroviaria con Marbella y Estepona o el saneamiento integral. No parece que todo esto, para lo que son precisas enormes capacidades de diálogo y gestión con la Junta de Andalucía, el Gobierno Central y Europa, sea una tarea fácil. Ni mucho menos. Ni siquiera es posible sin un compromiso de todas las fuerzas políticas y sociales de la ciudad que pongan a Málaga por delante de cualquier otro interés.

Llegado a este punto, si se analiza la posición del Partido Popular es preciso reclamar que diga con claridad cuál es su proyecto político y de gestión más allá de la continuidad del alcalde, asunto zanjado desde el momento en que Francisco de la Torre escenificó sucederse a sí mismo. Sería un error, que podría llevarles a la derrota, que fuesen incapaces de ver más allá de la sombra del propio alcalde, que como decía Antonio Soler esta semana, no sólo es alargada sino que puede ser corrosiva para su entorno político y, sobre todo, para él mismo. De la Torre corre el riesgo de ser su propia víctima, más aún si se empeña, como desliza en la entrevista de hoy, en que nadie le haga sombra. El mayor aval que puede presentar es un gran equipo, más que perseverar en aquel 'De la Torre, sí'.

La legislatura 2019-2022 no es una cualquiera, porque será, además, la consolidación de una corporación muy plural. El papel de Ciudadanos y de Juan Cassá -si finalmente es el candidato, sobre lo que no existen dudas- va a ser determinante y fundamental. Lo único seguro -si es que hay algo seguro en política- es que, sean cuales sean los resultados, Ciudadanos va a estar en la pomada del gobierno municipal. Incluso, su portavoz ya no considera un delirio imaginarse como alcalde.

El PSOE sigue enredado en sus propios pensamientos y todo hacer indicar -también a falta de la ratificación orgánica- que Daniel Pérez es el nuevo elegido para intentar levantar un partido que no ha dado con la tecla en los últimos 15 años. Los socialistas aspiran a convertirse en una alternativa real de gobierno. Y ello pasa por creerse de verdad que pueden y quieren gobernar la ciudad. La composición de su grupo es, hoy por hoy, el fiel reflejo de que han dado durante muchos años la batalla por perdida. El PSOE de Málaga merece mucho más.

La izquierda también anda enredada con sus cuitas, sus siglas y sus luchas de poder. Parece que se llevan peor entre ellos que con la derecha, que ya tiene mérito. Esa incapacidad para construir una posición solvente les ha restado muchas posibilidades como posición de izquierdas. Su papel es complejo, porque si nos atenemos a sus declaraciones -sobre todo de Torralbo y Zorrilla- el modelo actual de Málaga -turístico, cultural y urbanístico- no encaja en sus planteamientos, que es como decir que no les gusta lo que se ha hecho hasta ahora.

Al contrario de lo que pudiera pensar De la Torre o el propio PP, el centro derecha de la ciudad no estaba preocupado por la continuidad o no del alcalde o por su posible sustituto, lo que le quita el sueño a sus votantes, según cuentan a quienes quieran escucharles, «es que Torralbo pueda ser concejal de Urbanismo, Zorrilla de Economía o Espinosa de Turismo a través de un pacto de izquierdas con el PSOE».

De lo que se trata es que los partidos, todos, asuman que además de sus líos internos, convertidos a veces en un 'reality show' con episodios familiares, lo esencial es el Gobierno de la ciudad, las credenciales que cada uno puede aportar y, sobre todo, el convencimiento de que Málaga es lo primero y lo demás, después. Y no al revés.

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