Mala

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

EL final triste de Gabriel, el 'pescadito' atrapado por una mortal medusa carabela ( siempre con el presuntamente hasta la condena), nos conmociona y quiebra la fe en el ser humano por la demostración aciaga de la maldad absoluta. La sonrisa dulce de Gabriel y la bonhomía de su madre Patricia han condenado ya para siempre a su madrastra, sea la pena que sea que le impongan los tribunales. Ni en los cuentos más negros hay justificación para que alguien se comporte con tanta crueldad y cinismo. En respuesta a la petición de la madre no voy a escribir su nombre. Solo la llamaré como lo que es: MALA.

Y no es la única. Ni la primera vez. Aún espeluzna el caso Bretón y los de las niñas Marta, Diana... Demasiada violencia. Y demasiado coro mediático. Ya sabemos las consecuencias de la tele espectáculo que hace caja con el drama y el dolor. Lo más admirable, desde luego, es el comportamiento de Patricia, la madre, que ha tenido el coraje y la generosidad de salir para calmar los ánimos. Una multitud rabiosa es indomable y contagiosa Ya se conocen sus consecuencias. Almería es una provincia con antecedentes. Hay muchos elementos en el drama de Gabriel para temer que pueda repetirse el odio desatado, el racismo, la xenofobia...

Sería como si el monstruo que ha acabado con Gabriel despertara en quienes se ven con derecho al linchamiento. No hay excusas. La violencia no puede incitar a la violencia. No se trata ni siquiera de tomarse la justicia por su mano, porque la justicia ya está actuando. Ahí solo hay demonios internos desatados en una gente irresponsable.

Por eso es tan admirable que sea esa madre rota por el dolor quien se dirija a la multitud rabiosa para pedirle que dejen el odio a un lado y sigan con los «corazones calentitos» como le hubiera gustado a su niño.

Pero de todo lo que dijo a Carlos Herrera en la entrevista me quedo con las palabras de ánimo para el padre, Ángel: «Es una persona maravillosa, que nadie dude de esto. Voy a estar con él, tenemos que superar esto los dos juntos, pero está destrozado porque es muy difícil hacer la digestión no sólo de la pérdida de un hijo, sino que encima ha tenido que pasar por una persona que es cercana a él».

Con la conmoción mediática por Gabriel han pasado desapercibidos los datos de 2017 sobre violencia machista, esa vergüenza social ya con menos foco en los medios de tanto repetirse. Este pasado año las mujeres víctimas de violencia machista en Andalucía fueron 34.543. Según los datos del TSJA, esta cifra implica un incremento del 21,7% respecto al año anterior. Por eso esta historia de Patricia y Ángel da un poco de luz al túnel de maldad que atravesamos. Y esperanza porque sigue habiendo gente buena.

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