MAFIA

FRANCISCO MOYANO

El año dos mil diecisiete se despidió con una noticia que vino a suponer un considerable avance en el grado de civilización de España: el acuerdo de los grupos políticos en el Congreso, por unanimidad, ante una propuesta del Partido Popular para modificar el Código Civil y que los animales dejasen de ser considerados bienes muebles y alcanzasen el estatus de seres vivos. Aunque parezca una obviedad, a efectos legales, seguían siendo catalogados como simples cosas. Legislar en este sentido es consecuencia de un lento pero contundente cambio de actitud por parte de una mayoría de la ciudadanía cada vez más concienciada con la protección de los animales. La respuesta masiva por parte de colectivos y vecindario en general, hace unas semanas, ante el pliego presentado por el Ayuntamiento para el sacrificio de animales abandonados, tras diez días, en aplicación de la normativa andaluza, habría sido algo impensable hace tan solo unos cuantos años. El respaldo legal al &ldquosacrificio cero&rdquo de animales en Marbella es una aspiración ciudadana, al menos de una mayoría muy significativa instalada por encima de intereses partidistas e ideológicos. Cada vez más (creo que para bien) todos vamos teniendo algo de &ldquoanimalistas&rdquo, aunque siga permaneciendo pendiente un debate tan apasionado como necesario en torno a la Tauromaquia, ámbito en el que las actitudes radicales afloran con demasiada frecuencia haciendo perder razones y empañando la esencia de lo que se intenta defender. Desgraciadamente seguimos siendo un país en el que los índices de abandono de perros y gatos deberían sonrojarnos, con el agravante de que muchas de estas mascotas que son recogidas de la calle carecen de la preceptiva identificación. Todavía hay quien no entiende que ni un perro ni un gato (o cualquier otro animal) no son juguetes. En el tema de los perros, que es el más recurrente, Marbella es una ciudad que carece de perrera municipal, por lo que existe un convenio con los Amigos de los Animales Abandonados (Triple A). Más de trescientos perros y unos doscientos gatos permanecen en las instalaciones de la asociación en la carretera de Ojén. El Ayuntamiento contribuye exclusivamente con una cantidad de veinte mil euros; son las aportaciones de socios, donaciones puntuales y organización de actos, el sustento primordial de la Triple A. la organización va camino de los treinta años, contra viento y marea, con tempestades tan acusadas como la intervención de la Guardia Civil y un juzgado de Marbella, en abril de dos mil dieciséis, ante denuncias de un particular, acusando a la institución de maltrato y sacrificio de animales y de delitos económicos. De entrada varios miembros de la asociación fueron detenidos y muy pronto puestos en libertad, de manera que la Triple A ha seguido desempeñando su función con normalidad, a pesar de que (dentro de la pertinaz lentitud de las actuaciones judiciales en España) la instrucción aún no haya finalizado dos años después. La confianza en la honestidad de Triple A mostrada popularmente ha sido contundente durante todo este tiempo. Los cientos de animales que permanecen en Triple A se encuentran a la espera de una segunda oportunidad. No se entiende demasiado bien que se siga comprando animales cuando hay tantos a la espera de ser adoptados. Lo más recomendable es visitar las instalaciones de la protectora y palpar la realidad, pero, como paso previo, resulta ilustrativo un recorrido a través de su página de Internet. La larga galería de perros demandando adopción se abre con una perra, nacida en dos mil doce, llamada Mafia; es de tamaño mediano y carácter juguetón. Como todos los demás compañeros de situación, Mafia parece decirnos «llévame, no te arrepentirás». Cuidar a los animales, darles una segunda oportunidad, es un signo de humanidad. Siempre, cualquier actuación con animales debe estar presidida por un comportamiento responsables: vacunarlos, esterilizarlos y controlarlos para que no molesten a nadie, comprendiendo en ello la recogida de excrementos de las calles, algo que a nadie deja indiferente, aunque sea con la campaña de la &ldquocaca gigante de plástico&rdquo con la que el concejal de limpieza ha intentado que los ciudadanos tomen conciencia del problema y que ha sido muy criticada. Se avanza en materia animalista, también en Marbella, declarada ciudad libre de espectáculos con animales, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Cada vez somos más los convencidos de que los animales también son susceptibles de derechos, aunque tradicionalmente solo se haya considerado sujetos legítimos a los seres humanos.

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