Maestro liendre

LA ROTONDA

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Facultades, carreras, estudios superiores... nada de esto tiene sentido en Málaga, ciudad en la que se debió inspirar aquel que dio nombre al maestro liendre. Según los informes educativos europeos, estamos muy por debajo de la media. Nadie lo diría, si aquí todo hijo de vecino tiene por lo menos cinco carreras, seis másters y siete graduados escolares (Chiquito dixit). Para qué estudiar cuatro o cinco años de dura teoría y práctica profesional si en cada casa vive un crack en cualquier disciplina, ya sea humana o divina. Llevan a gala sus profundos conocimientos de arquitectura, construcción y promoción inmobiliaria. A los catedráticos del no les pareció «especulativo» el proyecto de Banderas, y ahí seguirá el solar del cine Astoria, por los siglos de los siglos y amén. Lo mismo ocurrirá con la torre prevista en el dique de Levante, en la que hacen gala de amplias nociones de paisajismo.

Además de urbanistas, son ingenieros de caminos, canales y puertos. Dibujan mejor que nadie por donde tendría que ir el metro y hasta predicen su incidencia sobre el tráfico, que el máster en movilidad urbana fue el primero que se sacaron en la manida universidad de la vida. Igual que el seleccionador nacional que late en cada uno, hablar de fútbol como opinar sobre obras e infraestructuras es gratis e inocuo, porque nada de esto mata. Pero la osadía les puede a los ilustrados negacionistas, y se atreven incluso a criticar actuaciones que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte de algún vecino. Visto lo que ocurrió en Portugal y después en Doñana, sin dejar de mirar de reojo al reciente fuego en la ladera de la Alhambra, todavía hay quien se mete a ingeniero forestal, y si le dejan, hasta a bombero del Infoca.

Se alzan algunas (pocas) voces que niegan las talas que promueve el Ayuntamiento (y que la ley obliga) para hacer cortafuegos en los barrios que están cerca de densas zonas arboladas, como son Gibralfaro, el Morlaco y Cerrado de Calderón. Les parecen unas veces excesivas, otras a destiempo. «Siempre negativas», que dijo Van Gaal, con aquel deje de guiri acalorado. Porque en eso es en lo único que coinciden los expertos en la crítica de gatillo fácil: en que así no se hace, sino como ellos dicen, que siempre será de otra manera. O de la contraria, qué más me da.

Así que dejen ustedes de mandar a sus vástagos a las facultades de Derecho, Medicina y de cualquier cosa que no sea la academia del maestro liendre, que de todo sabe y nada entiende. Ya de paso, cada uno podría dedicarse un poquito a lo que quiera Dios que realmente sepa hacer en la vida.

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