El lunes interminable

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Tractores a la calle como una brunete pagada por la PAC. Políticos echados al monte, madres y padres con niños que nunca antes jugaron al picnic de escudos humanos en el cole. Jueces y fiscales sin toga de kevlar para repeler tanto odio como bomberos del incendio político. Maderos en un crucero como hámsters entre el furgón y el camarote. Nadie es invencible contra los elementos, una marea humana siempre más civilizada que los profetas que la pastorean con la bendición de curas que ofician en el altar de la nueva patria nacionalcatólica. Adolescentes y párvulos como hooligans que ya saben que Rajoy, el ausente, es Franco con barba. No hay etilometro homologado para la gran borrachera secesionista ni fábrica de banderas que mantenga el tiempo para el bocadillo y el zumo. Las banderas españolas lo son ya de guerra incluso contra Piqué, aquejado de una geometría variable de fidelidades demasiado sutil para un país que es una grada inflamable. La patología soberanista viene con su placebo legal: baúles de plástico como urnas, con tapa y logo de la Generalitat en negro, luto menor para votar casi al modo franquista, cuando nadie se atrevía a pedir las papeletas del no en el

cuartelillo. Hoy hay un comandante de puesto en cada colegio. La democracia no tiene por qué ser cara. La urna a cinco euros es la mitad de lo que pagó cada periodista para conocer cómo Puigdemont agrandaba el iceberg contra esteTitanic pintoresco con piolin que es España. La urna llegaba con la expectación de un iphone de pega para un nuevo tiempo, el plan b contra el rancio metacrilato constitucional. A la Guardia Civil la han vencido Amazon y los estrategas del Govern, la épica clandestina del correcaminos y sus trampas. La catalanidad excluyente se blinda con plástico chino frente a la mano dura de Interior. El dinero de plástico paga una democracia deformable para vender futuro de riesgo incluso a quien no lo quiere comprar. Es el signo low cost del pseudorrelato democrático con el que la factoría CUP, gente muy inteligente y solo rufianes a tiempo parcial, hace temblar a Europa. La urna subversiva para cambiar de país en una mudanza exprés echa mano del cubo para arrinconar cosas que se odian. Muchos catalanes harán maletas en tierra hostil y buscarán urnas sin ranura en el chino de la esquina para llevarse los recuerdos al otro lado del Ebro. El referéndum de hoy es solo la víspera de un lunes interminable para la Historia. Nada volverá a ser lo mismo y tardará en ser mejor. La urna china de hoy es tan grande que cabe la momia de Montesquieu y le sobra sitio para kilos de verdades incómodas.Democracia sin libertad, cava sin burbujas para muchos que ni beben. Una triste fiesta. Freixenet puede ser el último puente. La gran burbuja ya estalló y queda por ver si habrá mas anuncios en los que además de despedir el año viejo también quedan ganas de sacar adelante un viejo país averiado.

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