Lunes I sin Gregorio

Volver a Chiquito en youtube es un bálsamo para sobrellevar esto, el presente

JESÚS NIETO JURADO

Voy pensando sobre este luto que ha venido con sol; precisamente ahora que noviembre pastelea y anochece tan temprano. La muerte de Chiquito. Ayer escribí en este periódico un homenaje a Gregorio, sí, pero la escritura al borde de las lágrimas siempre es más sentida pero menos eficaz que cuando ya no hay agua bajo el lacrimal. Saber que con la muerte de Chiquito ha acabado, por siempre, un tiempo, me dejó esa sensación de una nevera ronca en mitad del pecho. Leí por las redes que son legión los huérfanos que deja Chiquito entre Tarifa y La Coruña, y es la pura verdad.

Ahora, en esta era sin Chiquito que comienza y verá tantas maldades 3.0, yo me asomo a la ventana, al Internet, y al mundo. Voy pensando, entonces, en España. En esta vida laborable que se nos queda sin humor. En qué gravedad se le pone al careto del lunes. Pienso que ya nadie nos arrancará una sonrisa; pienso en que ahora todo el que sale en la televisión procura vendernos algo camuflado con cierto humor negro que esconde un volquete de bilis. Porque aunque suene a tópico, ahora que tenemos que retornar a nuestras faenas sin Chiquito de la Calzada, la cabeza se nos vuelve a sus años, a cuando la televisión era un bálsamo y un país entero vio en Chiquito esa verdad de la risa que ya no se alcanza ni tras las copas. Pongo la TV en silencio y tiene no sé qué de justicia poética que el telediario circular, el '24 Horas', intercale el homenaje de Málaga a su Gregorio entre tanto radical que salió a la Barcelona otoñal a restregarnos banderas golpistas.

Todos recordaremos a Chiquito, evidentemente. Y dónde estábamos aquel día en que un chiste -cuyo argumento nos recordaba vagamente a Eugenio- adquirió existencia por sí sólo. O cómo la anécdota de un enano que pide una cerveza, de un niño orejón, de un marido cornudo y un número de la Meremérita por un olivar, podía narrarse a medio camino entre Gómez de la Serna y el baile de San Vito. He vuelto a escribir hoy lunes de Chiquito; he vuelto a sentir cómo fue el primer fenómeno viral de una España que también lo pasaba mal con tiros en la nuca, recesión, y cosas similares.

Chiquito ausente y en lunes es este contradiós inasumible. El periódico habla de la ciudad y del mundo; ahora llega la espantosa rutina en que pasan cosas y pasa lo mismo: Cataluña y esa minoría gritona de los bandoleros.

Sumergirme en los años en que vivimos con Chiquito me ha despertado una mueca medio sonriente. El invierno promete ser seco y largo. Quedan los vídeos de Chiquito en la nube para convencernos que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y sepan que volver a Chiquito es un conjuro para soportar lo que va a venirnos: de aquí a la eternidad.

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