Luka Rilke Modric

El sitio de mi recreo

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El fútbol es la ciudad soñada en las botas de Luka Modric. El balón esperó a su llegada. Necesitábamos leer su tratado del equilibrio con el que premia siempre al centro del campo. El futbolista croata transforma esos metros en un universo propio, que no se preocupa de la distancia entre la defensa y la delantera, sino en atreverse con lo bello.

Con la estatura de Juanito, el coraje de Fernando Redondo, la fantasía de Guti, la tristeza de Ozil y la literatura de Zidane, se atreve con la camiseta blanca y su diez a la espalda a hacernos soñar despiertos. El último regalo de Mourinho al madridismo, es ahora patrimonio de la Humanidad.

En el verano largo de la estepa mundialista rusa, emergen sus versos profundos y generosos. Llega como el gran poeta Rilke, enamora y después huye en favor de la belleza. Es verdad que todos cuanto lo buscan lo encuentran, y quienes lo encuentran lo atan al gesto y a la imagen según la métrica del fútbol que se sirve en la televisión. Pero nosotros en cambio queremos comprenderlo, como lo hacen en su tierra, pensando que su madurez es la belleza en un campo de fútbol. Sabemos que el fútbol actual no se llama como él, pero da la razón a las leyes del arte del balón que de generación en generación se tornan cada vez más visibles.

Todos los futbolistas de la selección croata que han alcanzado la final de este Mundial, vivieron de un modo u otro la crueldad de una guerra en su tierra, donde el nacionalismo y el odio étnico se mezclaron en una lucha por la independencia frente a Serbia. La brutalidad, el salvajismo y el asesinato masivo de civiles fue denominador común ante los delirios de los líderes de Croacia, Franjo Tudjman , y de Serbia, Slobodan Milosevic. Es verdad que Luka Modric es uno más de los niños de aquella terrible y vergonzante guerra, pero el fútbol les ha dado a todos ellos la oportunidad de coser las heridas de un país que necesitaba mirar más al futuro que seguir lamiéndose sus heridas.

Son tan estrechos nuestros días, que necesitamos el sueño de la noche de verano de su fútbol, de sus versos. Su balón no es el de oro que se marchita en la tierra y no tiene sitio en la memoria, sino el de la inmortalidad del arte. De tantos de sus pases, nos quedó el sentido; de sus metáforas con el balón, hemos sacado ese poco saber que nos dice que en un campo de fútbol es posible lo bello. Como de un secreto lugar, su fútbol emerge rompiendo las reglas de los sueños y haciéndonos real lo deseado. Luka Modric: el fútbol eres tú.

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