Toda la lucha es poca

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

La buena noticia es que el escándalo ha sido tal que la Audiencia de Navarra se ha visto obligada a dar explicaciones: el informe del detective que siguió a la chica violada por 'La manada' ha sido admitido para evitar que los presuntos violadores de los sanfermines aleguen indefensión. La mala noticia es todo lo demás: el acoso y la culpabilización de la víctima, perseguida como si hubiera de demostrar que fue violada, mientras no se admite el vídeo que la pandilla, mejor 'jauría', subió a sus redes sociales. De no ser por el testimonio de la pareja que la socorrió y de los policías que la atendieron, que dan cuenta del estado de shock en que la encontraron,'el Prenda' y los suyos podrían hasta irse de rositas. Tampoco se tendrá en consideración que tienen otro proceso de violación en grupo, en Córdoba, con sumisión química por burundanga de por medio.

Defender un caso así, terrible y cargado de evidencias, tiene que ser difícil, pero no todo vale. Recurrir a un detective privado para esgrimir que la joven ha salido a la calle, ha utilizado sus redes sociales, ha intentado recuperar su vida en estos dos años transcurridos desde el brutal episodio revela, dicen, una estrategia letrada «desesperada». Más desesperante es que sea titular que ella «hacía una vida normal».

Tenemos un gran problema como sociedad y no sabemos reconocerlo. Hasta, ha dicho Amelia Valcárcel, corremos el riesgo de acostumbrarnos a vivir con esto. En este país se denuncia una violación cada ocho horas. No se sabe, pues, cuántas se producen en realidad, pero el número es suficientemente espeluznante como para tomarlo en serio de una vez. La Justicia tiene que ser la punta de lanza de esta lucha. Incorporar la perspectiva de género, como se reclama a raíz de este escandaloso caso, y de muchos más, no es una marcianada.

Se acerca el 25 de noviembre y todos los gritos, todas las manifestaciones -esta noche mismo, contra el acoso a la joven violada en los sanfermines- todas las conferencias, todos los actos públicos, son pocos.

El reto es llevar esta lucha contra la violencia sobre las mujeres a la esfera privada, a lo cotidiano: reconocer en lo inmediato las conductas machistas, hacerlas ver; reclamar ciudades más seguras para las mujeres, que no tengamos que seguir transitando con miedo a ser atacadas, y exigir a las fuerzas de seguridad y a la justicia, en general, que tomen conciencia de la dimensión del fenómeno y actúen. Aún después de todo eso, quedará desmontar en el imaginario masculino esa idea de la mujer como bruja perversa, capaz de cualquier cosa por arruinar a un hombre, o como objeto equívoco de la propia voluntad. Porque, en el fondo, muchos piensan que «ella quería» por mucho que se negara.

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