LAS LUCES Y LAS SOMBRAS

FRANCISCO MOYANO

PUESTO que estamos en el mes de la Navidad, con buena parte de las calles, plazas y avenidas céntricas, profusamente iluminadas, parece poco adecuado aludir a las sombras, pero haberlas las hay. No hay alumbrado navideño que se precie que no vaya acompañado de las críticas a favor o en contra, que si es más o menos elegante, pueblerino o de gran ciudad, suficiente o escaso; no falta quien considera innecesarias las incursiones de las luminarias navideñas en los barrios y, en sentido contrario, los vecinos que en ello ven un reconocimiento de que también existen. Pero la sucesión de luces y sombras es el transcurrir mismo de la vida e incluso origen de arte como el cine o el uso en determinadas arquitecturas, caso de la hispanomusulmana. En Marbella, ya se sabe, la luz física es única y eso es uno de los reclamos, al margen de especulaciones, pero en sentido metafórico demasiadas veces se ve contrarrestada por las abundantes sombras. En esta ciudad, a veces tenemos la sensación muy poco satisfactoria de que no solamente vivimos un recurrente «día de la marmota» sino «años de la marmota». Se titulaba una grabación del grupo instrumental español Los Pekenikes, 'El tiempo vuela', la versión del original 'Time is tight' de Booker T. & the M.G.´s y realmente los años se suceden vertiginosamente y algunos de ellos los seguimos viviendo peligrosamente. Desacertadas e interesadas políticas municipales nos proporcionaron pesados lastres de los que no terminamos definitivamente de deshacernos. Cuando los años se acaban, convencionalmente somos muy dados a entregarnos a los balances y a las reflexiones; seguramente análisis del año anterior o del precedente, podríamos esgrimirlos en estos momentos sin necesidad de variarle ni una coma y ello contribuye a que cada vez se nos acreciente más el escepticismo; ya no nos creemos nada. Hasta el momento, los grandes proyectos han acostumbrado a no pasar de esa fase y sobre todos ellos dos que terminan escociendo; uno mediato: la llegada del tren (pueden escucharse risas) y otro inmediato: el Puerto de la Bajadilla y, junto a ellos, la paralizada ampliación del Hospital Costa del Sol, ante cuyo desbloqueo nadie da explicaciones. La fama y la proyección internacional de Marbella no se corresponden con las infraestructuras que ofrece, muchas veces instaladas en la endeblez y la carencia más llamativas. El ciudadano ve como no se aminora la contribución mediante la aportación de impuestos, mientras que las demandas siguen sin obtener respuestas y si lo hacen acostumbra a ser con gran retraso y cuando la realidad de las necesidades ha cambiado. La administración local, generalmente, debe hacer frente a necesidades para las que no dispone ni de competencias claras ni de medios presupuestarios, entre otras cosas por los dictados de la administración central que fija un techo de gastos, que no es de cristal, pero casi, aunque haya presupuestos, como el de Marbella, que sorprendentemente lo supere. Sin duda el que la Copa Davis llegue en febrero es una excelente noticia para la ciudad, pero en nada sirve para iluminar una de las sombras crónicas del deporte en Marbella: la carencia de equipamientos deportivos y mal estado generalizado de los existentes. A pesar de las carencias, los resultados de los deportistas marbellíes son excelentes; cabe preguntarse qué podría conseguirse con los medios adecuados. Además, en los últimos meses, expertos en materia turística, vienen encargándose de contarnos que Marbella no alcanza la categoría de destino de lujo o de excelencia por una desacertada política de promoción. Habrá que tomar nota. Llevamos años escuchando sobre el Plan Estratégico de Marbella, con el apoyo de los grupos políticos y los colectivos sociales, que, de vez en cuando se hacen oír. Pero no está claro qué se lleva realizado, cómo se plasma en realidades palpables lo que recogen los documentos; lo que queda muy bonito en los papeles, no deja de ser literatura inservible si los poderes públicos y la ciudadanía en general no terminan de creérselo. Urge un debate sobre qué ciudad queremos. Málaga también diseñó su plan, lo interiorizó, se comprometieron políticos y colectivos sociales, se unificaron voces, se peleó donde hizo falta y los resultados espléndidos están a la vista. Seguramente hará falta un generoso pacto por Marbella en el que todos nos comprometamos para desterrar sombras y alcanzar realidades que nos alejen del «año de la marmota».

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