Voltaje

A todas luces

El cambio de las farolas de la Alameda trae unos ingredientes que revelan a qué sabe esta ciudad

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hay que luchar contra esta tendencia de estar instalados en el no de una forma permanente, pero en asuntos relacionados con el urbanismo en esta ciudad nos lo ponen muy fácil. Reconozco aquí mi fascinación por el asunto de las farolas de la Alameda. El anuncio de su cambio por otras de diseño más moderno y minimalista incluye ingredientes que revelan a qué sabe esta ciudad. Cabe decir por lo pronto que las farolas actuales no tienen nada de históricas. Si alguien piensa que algo con veintisiete años de edad es una reliquia es que no tiene ni idea de cómo está la vida. En este debate por lo tanto no cabe el argumento patrimonial. Es una cuestión de gustos.

Este periódico ha preguntado a muchas personas para que se posicionen respecto de este tema tan candente. Por ejemplo, al presidente de la Academia de San Telmo, el gran Cabra de Luna, al que las nuevas lámparas le parecen elegantes. También da el visto bueno el decano del Colegio de Arquitectos. Por el lado contrario discurre la Asociación de Vecinos Centro Antiguo o por lo menos su presidente. Y es que esta es otra cuestión: para un tema tan subjetivo como el diseño de una lámpara nunca vamos a tener una unanimidad que ni siquiera se consigue en muchos matrimonios. Las asociaciones representan a una parte ínfima de la sociedad, y dudo de que incluso entre los propios asociados haya una absoluta concordancia.

SUR también ha hecho una encuesta en la web. Ahora mismo, de 3.880 votos, la friolera del 91% de ellos está en contra del cambio. No tendrá valor científico pero da una idea de la situación. Pero el problema aquí es que los periodistas son los únicos que han preguntado. El Ayuntamiento se llena la boca de anglicismo para describirse (Open gov, Smart city, ¿Sacaba beach?) pero no estaría mal que consultara a la ciudadanía para implicarla de alguna manera en la toma de decisiones, sobre todo cuando resultan tan arbitrarias. La pregunta en el fondo es: ¿en serio nos vamos a gastar 253.888 euros en sustituir un alumbrado que funciona en una avenida cuya única remodelación consiste en hacerla semipeatonal? Y, respecto a los gustos, tampoco hay que creer a pies juntillas en el minimalismo. A veces más es más y menos es menos. Lo que sí añadiría a modo de sugerencia vecinal es que si ponen las nuevas, lo único que tenga la condición de minimalista sea su diseño. La luz que desprendan debe ser amplia y generosa, tampoco de feria, pero que se vea. Para que los técnicos municipales se hagan una idea, el alumbrado público debe desprender un halo de luz suficiente para ver en el suelo las cacas de perro, pasear sin la certeza de que podrías estar en una calle del Bronx, tener la sensación de que en cualquier momento podrían atracarte. Añadimos un llamamiento a la calma: si cambian las farolas al final nos acostumbraremos, ya que la fealdad siempre ha tenido un componente hipnótico. Cuanto más miras lo feo, más te gusta.

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