Locoide Puigdemont

JOSÉ MARÍA CALLEJA

Puigdemont se ha pasado de frenada. Levitando desde hace meses sobre la realidad, sintiéndose más astuto que Mas, más president que Companys y más audaz que sí mismo, Puigdemont ha sido detenido en una gasolinera alemana. Nula épica. La sorpresa propia de cualquier detenido al ser sorprendido por la 'pasma', sea alemana o española, de ahí lo de 'pasmao'.

Después del doble tirabuzón y medio de sentirse presidente de la república en Bélgica, el personaje había dado en una suerte de comportamiento locoide: venga a imaginar reparto de carteras, consejerías y acción redundantemente exterior; instaurando Waterloo como capital de Cataluña, en una pirueta delirante que superaba a Tabarnia como unidad de destino en lo catalán.

Puesto en Waterloo, a Puigdemont te lo imaginabas con un sombrero de papel tipo Napoleón y una espada flamígera, dando mandobles a todos los enemigos habidos y por imaginar.

Amigo del regate sin fin e imbuido del 'a mí no me pillan, que soy muy listo', resulta que te detienen con información del CNI y de la policía española en el país en el que peor te pueden ir las cosas: Alemania; ese en el que están directamente prohibidos los partidos independentistas y en el que al presidente del lander que se quiera ir lo empaquetarán por 'alta traición'.

Luego van los 'pijos' de la 'kale borroka' catalana, que lo mismo queman contenedores que cortan carreteras, y les fastidian la jornada a los currantes camioneros, que atacan con extintores a los Mossos. Cuerpo este que da porrazos como cualquier policía que se siente agredida en le mundo occidental.

Hemos pasado de la prometida independencia en 18 meses, con coste cero, con toda Europa recibiéndonos con los brazos abiertos, sin ninguna empresa que se vaya y nuevo estado de la Unión en un pispás, a estar a la orden de los comités de defensa de la revolución (CDR), primero defensa del referéndum, luego república y ahora revolución; de pijos que cortan el tráfico y hacen la puñeta a catalanes currantes.

De repente han surgido miríadas de opinadores, expertos en derecho alemán de toda la vida, que ya han decidido que no habrá extradición. Yo no sé lo que pasará, sé que a Puigdemont se le ha acabado el víctimismo de Waterloo y que tiene ahora un extraordinario momento para aplicarse a sí mismo la frase que le dedicó a Junqueras cuando él huyó y este fue encarcelado: «Prefiero ser presidente que presidiario». Bien, de momento eres presidiario y harías muy bien en decir a los tuyos que propusieran un presidente no huido, no encarcelado, no imputado, alguien que pudiera gobernar y, a ser posible, que dedicara un ratito a los problemas concretos de los catalanes realmente existentes, voten a Arrimadas o a locoides que se creen Napoleón.

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