Y llovió

La rotonda

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Un día la noticia estará en la normalidad, no en la incidencia. No hay otoño ni invierno en Málaga que la lluvia no traiga algún destrozo, algún episodio trágico o algún suceso desgraciado. Estamos todo el día rogando para que la tierra beba y para que los cauces fluyan con gusto y los embalses tengan las reservas llenas, y cuando el cielo se vuelve plomizo y las nubes cumplen con su cometido las consecuencias no son las esperadas.

Parece de película de ciencia ficción la imagen del descarrilamiento del tren Málaga-Sevilla, y resulta espeluznante el impacto de la fotografía de las vías del tren maltrechas en la zona anegada que tuvieron que atravesar los vagones, «entre saltos, en un balanceo brutal como si fuera un terremoto», contaban luego ateridos de miedo los viajeros que se encontraron con una parada inesperada, en medio de la nada, en un paraje de difícil acceso, incluso para el helicóptero que socorrió a la víctima que con mayor urgencia demandaba ayuda.

Es un relato de un accidente con 37 heridos, tras una tromba de agua que provocó el desbordamiento de un río que inundó las vías que recorren a diario varias trenes que comunican a las dos ciudades más importantes de Andalucía. Eso ocurrió en El Arahal, pero en nuestra provincia dos arroyos socavaron la tranquilidad en Campillos y Teba, aunque la buena nueva es que los municipios más castigados por la sequía recibieron más de cincuenta litros por metro cuadrado. En eso es algo que hay coincidencia general, que el agua es recibida de distinta forma según la conveniencia de cada cual. Dependiendo de los cultivos, los agricultores esbozan una sonrisa o limpian su ajado rostro de las lágrimas que borran de un plumazo un año de sacrificios.

Los efectos del temporal, no obstante, han provocado esta vez más alegrías que penas según Asaja, que vela por los intereses de la gente del campo. El cereal, el olivar, los cítricos, los pastos para el ganado, los subtropicales y hasta los cultivos de huerta de invierno «agradecerán estas últimas lluvias», en palabras de los expertos, aunque a continuación lamentan que lo ideal habría sido una lluvia más pausada para recargar los acuíferos. En fin, lo dicho, que nunca llueve a gusto de todos, y que llegará el día en que los medios de comunicación salgamos a la calle con un titular que rece: «Llovió y no pasó absolutamente nada en Málaga». Será noticia la no noticia.

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