Limpieza

La pirueta de la Diputación no es más que eso, un brindis al sol, una acrobacia impropia de una institución seria

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Limasa es la calavera hamletiana de Francisco de la Torre, una de ellas. Los trabajadores de la empresa se esfuerzan, la concejala recién llegada para dirigirlos siente los colores y se consideró una limasera nata a los dos días de ser designada para el cargo, pero la ciudad no acaba de estar limpia y la entidad ve que su modelo, híbrido o no, queda postergado. Una futura corporación será quien decida si el destino o el príncipe de Dinamarca no lo remedian antes. Quién sabe, tal vez a los pies de otro partido político o a los de Elías Bendodo llegue rodando ese cráneo tan sobado.

De momento, al presidente de la Diputación parece que le interesa otro tipo de limpieza. Más que de limpiar aceras, la corporación provincial es partidaria de fregar la moral. No importa que el detergente huela más a populismo que a ozono pino. Nos referimos, claro, al pronunciamiento que la Diputación ha hecho sobre la sentencia de La Manada y a la declaración de los cinco integrantes de tan penoso grupo como personas non gratas en la provincia. Muy bien. Ya no sabe uno si lo que dirimen los jueces o el Tribunal Supremo es jurisdicción de la calle, de los tertulianos de pro o de los organismos provinciales. La Diputación malagueña se ha apuntado al barullo. Se ha subido a la tabla de surf para estar en la cresta de la ola, de la indignación popular. Solo que en vez de aclarar y templar lo que hace es contribuir a la confusión.

Lo único claro en la cuestión de La Manada es que sus integrantes son unos descerebrados. No hacía falta que la Diputación quiera poner tierra de por medio entre ellos y Málaga. También ha quedado claro que la legislación sobre los delitos sexuales es deficiente. Lo demás, mejor dejarlo en manos de los expertos. La indignación popular ante una chica indefensa enfrentada a cinco indeseables es lógica. Toca la fibra humana, todos los resortes que nos alejan de la brutalidad. Pero no todas las estrategias -ni informativas ni políticas- ni todos los argumentos que han surgido en apoyo a la víctima son acertados. Ese mantra que ha corrido y sigue corriendo, «Yo también te creo», tiene un alto grado emocional y solidario. Pero desde un punto de vista legal o racional es endeble. Tan endeble como si alguien que no haya visto las pruebas judiciales ni haya asistido al proceso pudiera decir que a quien cree es a los individuos de La Manada. Linchamiento popular aparte, su creencia sería tan válida como la de la inmensa mayoría que piensa, o mejor dicho, cree lo contrario. Esta no es una cuestión de pálpitos. Es algo mucho más serio y debe dejarse en manos de los tribunales. Así que la pirueta de la Diputación no es más que eso, un brindis al sol, una acrobacia impropia de una institución seria. Claro, que con un ministro de referencia como Catalá todo es posible. En fin. Unos por otros, y, de momento, la casa sin barrer.

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