La tribuna

Limpieza en las ONG

En pleno terremoto informativo sobre escándalos sexuales en organizaciones humanitarias hay que exigir que se depuren responsabilidades y también reconocer que son imprescindibles

MERCÈ RIVAS

Muchos ciudadanos se han escandalizado al escuchar que directivos de alguna organización no gubernamental contrataron prostitutas en pleno rescate del terremoto de Haití o en plena crisis humanitaria en África. Pero no han sido los únicos. Algunos periodistas llevamos años denunciando el comportamiento de algunos miembros de las tropas de Naciones Unidas en países en conflicto cuando en realidad su papel es pacificar. Dar seguridad a la población. No son todos. Son algunos, pero estamos hablando de conductas muy graves cuya penalización debe ser ejemplarizante.

Arroz y pan a cambio de relaciones sexuales ya sean con mujeres adultas, niñas o niños. Es la peor forma de humillar al más vulnerable, al más desprotegido. Por eso es imprescindible exigir depuraciones, despidos, denuncias en juzgados. Todo es poco para restablecer algo imposible: la dignidad de niñas, adolescentes y mujeres que al borde o en el fondo de la miseria ven cómo agreden su cuerpo a cambio de desahogar sus deseos sexuales de posesión y dominación.

En este caso escandaliza que sean trabajadores humanitarios o soldados que deben implantar la paz. Deberían ser un ejemplo para todos pero han demostrado no serlo. En este tipo de organizaciones, aunque cueste pensarlo, también hay elementos indeseables. Lo que tienen que hacer los responsables de las tropas de Naciones Unidas y de las ONG es incorporar a sus filas individuos con catadura moral, con valores humanitarios y solidarios.

Para trabajar en una de estas organizaciones se necesita un plus de honestidad y humanidad y no siempre ocurre. Mi paso por este tipo de organizaciones humanitarias me ha dado la oportunidad de conocer a todo tipo de personas. La mayoría responsables y desinteresadas, pero también a gente que se acerca para llevar a cabo prácticas de juzgado de guardia. Las ONG, las agencias de Naciones Unidas o las fundaciones tienen que ofrecer un plus a su trabajo profesional porque está en sus manos la vida de miles de personas muy vulnerables, especialmente mujeres y niñas.

Podemos recordar una de las viñetas más entrañables de Forges en la que preguntaba un funcionario a una mujer: «¿Estado?». A lo que la mujer responde: «Atemorizada, angustiada, desesperada, amargada, sufriente, acongojada, aterrada, horripilada, impotente, indefensa...». El funcionario dice: «Perdone, pero todo eso no cabe en la casilla». Y ella añade: «Bueno, pues ponga refugiada». En las últimas semanas hemos leído noticias de grandes organizaciones que sin lugar a dudas llevan una trayectoria impecable, que hacen un trabajo que los Estados son incapaces de hacer. Quizás estaremos de acuerdo en pensar que las ONG son parches. Probablemente, pero parches necesarios, imprescindibles para que parte de la humanidad siga viviendo.

El trabajo que ellas hacen debería estar en manos de los estados, de la comunidad internacional pero no es así. Muchas personas se dejan la piel trabajando en el terreno en situaciones de riesgo, guerra, violencia, aunque también es verdad que otras son auténticos inútiles y trepas, especialmente los que forman la parte burócrata de las organizaciones, los que viven en países del primer mundo y no han pisado un campo de refugiados en su vida y si por casualidad lo han hecho ha sido únicamente para hacerse un par de fotos.

Sin lugar a dudas debemos quedarnos con la parte positiva y denunciar la negativa. Muchas personas creen que criticar a las ONG es algo no deseado, intolerable. ¿Por qué? Denunciemos lo que hacen mal y alabemos lo bueno. Frente a burócratas anodinos hay auténticos héroes.

Y no nos olvidemos de denunciar en los tribunales, no sólo en la prensa, a esos militares en misiones de paz que hicieron barbaridades en la República Centroafricana. «Más de 100 mujeres, niños y niñas dicen que algunos de los soldados los violaron y abusaron de ellos, exactamente lo contrario de lo que las fuerzas de paz se propusieron hacer», denunciaba la CNN.

Algo similar ocurrió en Haítí en los noventa cuando la ONU envió a tropas para restituir al presidente Jean Bertrand Aristide. Se recibieron más de 2.000 denuncias, de las cuales 300 eran de menores. En ese país pobre de solemnidad, primero actuaron las tropas de la ONU y posteriormente altos directivos de alguna ONG. No olvidemos que más del 75% de los refugiados en el mundo son mujeres y niños.

Por lo tanto, pensemos que es sano separar a los buenos profesionales que además son buenas personas y están entregados a la causa de los abusadores, explotadores y violadores. En el caso de las denuncias a trabajadores de Oxfam en Haití por contratar prostitutas con dinero de la organización hay que añadir otra pregunta. ¿Quién controla los gastos?

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