Líder en donación

La rotonda

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

En los tiempos en que los jóvenes iban a la mili, aunque no tuvieran ardor guerrero, a cada soldado, ya fuese voluntario o forzoso, se le asignaba una cartilla (conocida como 'la blanca' por su color) en la que aparecían una serie de datos personales del militar. Sobresalía un apartado en que se hacía referencia al valor. Salvo excepciones, que las había, se decía: se le supone, es decir, que se daba por supuesto que el soldadito en cuestión demostraría su heroicidad en caso de enfrentarse a una situación que lo requiriese. Pues bien, en el ámbito de las donaciones de órganos para trasplantes los malagueños tienen el valor demostrado con creces. Además, crece cada año el número de donantes. En el recientemente desaparecido 2017, el Sector Málaga de Trasplantes (al que también pertenecen Almería, Ceuta y Melilla) ha batido el récord de donaciones, con 131. Detrás de ese guarismo capicúa se encuentra la historia de otras tantas personas que han muerto regalando vida, que es el mejor obsequio que se puede hacer. Hay que ensalzar, primero, al que dice a boca llena que quiere ser donante de órganos y, en segundo lugar, a sus familiares, que, cuando llega el momento, pese al dolor de haber perdido a un ser querido, cumplen con el deseo de este y acceden a la donación. Con el valor añadido de que es un proceso altruista y transparente, sin que medie el dinero ni haya un beneficio para el que da ni le cuesta nada al que recibe el órgano. El llamado modelo español ha modelado las conciencias de muchos ciudadanos, que se han dado cuenta a tiempo de que cuando se marchan para no volver, el corazón, los pulmones, los riñones, el hígado o el páncreas no les van a ser de utilidad. España lleva 26 años seguidos siendo líder mundial en donación y trasplantes de órganos. O lo que es lo mismo, un cuarto de siglo y un año enseñando al resto de países el camino a recorrer para salvar vidas.

Otro aspecto a destacar es que los malagueños no han olvidado a Pablo Ráez. La leucemia acabó con él el pasado mes de febrero con solo 20 años, pero no podrá eliminar su legado. Gracias a la campaña de donación de médula ósea que el joven marbellí impulsó, y que caló en la población, las donaciones crecieron en la provincia de Málaga en 2017 un 300 por ciento. Es reconfortante que en una sociedad tachada de pensar más en sí misma que en los demás haya personas que dejen a un lado sus intereses para ayudar a los que necesitan algo tan vital como es un trasplante. Es gente anónima de solidaridad confirmada.

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