LIBERTAD EN TIEMPOS REVUELTOS

JOSÉ MANUEL BERMUDO

Hay hechos que se producen en los momentos más inesperados. La sociedad debate estos días sobre la prisión permanente revisable, con algunos sectores bastante alterados por la muerte del pequeño Gabriel, y de pronto aparece Juan Antonio Roca a las puertas de la prisión de Málaga sonriendo ante su nueva situación de libertad. Las circunstancias del momento no son las más propicias para que algunos entiendan las entretelas de la Justicia, aunque no tenga absolutamente nada que ver lo que ocurre en unos casos y en otros que se producen cada día, en la mayoría de las ocasiones sin que tengamos el mínimo conocimiento de ellos. Son los casos mediáticos los que nos sirven para el análisis, así como aquellos más cercanos a nuestro entorno, lo que provoca comparaciones sobre si las penas son más o menos elevadas teniendo en cuenta la gravedad de los delitos. La importancia de los hechos atribuidos a Roca y ratificado por los tribunales tienen la particularidad de que afectaron a un enorme colectivo, a todo un pueblo, vamos, porque las arcas de todos fueron prácticamente esquilmadas de forma continuada durante años. Otro aspecto es el de que su «trabajo» lo hizo dentro de las actuaciones globales de un grupo político elegido repetidamente y en el que se manejaba como pez en el agua con la connivencia de otros implicados que se vieron beneficiados económicamente. Y tampoco podemos olvidar que no fueron pocos los que miraron entonces para otro lado conociendo lo que estaba pasando.

Las actuaciones judiciales tienen sus argumentos basados en leyes que imperan en el país, aunque hay quien piensa que no rigen igual para unos que para otros, incluso algunos representantes de la jurisprudencia han hecho manifestaciones al respecto, lo que siempre suele servir para sembrar dudas. Es verdad que no se pueden hacer las cosas en caliente, pero esta «calentura» se produce más en la sociedad ante determinadas circunstancias, y en los políticos con vistas a sus resultados. Todo esto es fácilmente comprobable, sobre todo, en las redes sociales, donde algunos dan rienda suelta a sus más primarios sentidos sin analizar consecuencias. No deja de maravillar la figura serena de Patricia, la madre del pequeño Gabriel, haciendo un llamamiento para convertir en buenas intenciones los arranques de odio que puedan provocar las circunstancias de la muerte de su hijo. Hasta podemos preguntarnos que por qué le ocurre una tragedia así a quien tiene alma de algodón.

Pero volviendo a la libertad de Juan Antonio Roca, las reacciones no se han hecho esperar en Marbella. En la misma calle, en corrillos y bares, o en los caminos abiertos por las nuevas tecnologías, quienes se expresan suelen referirse al dinero que se perdió y que consideran que debe devolverse. En los delitos económicos lo que suele importar es que quien se llevó algo que pertenecía a otros devuelva el importe, a ser posible con intereses, a sus legítimos propietarios, que en este caso es la población de Marbella, osea su ayuntamiento, con la esperanza de que quienes ahora lo ocupan le de un destino para beneficio de los ciudadanos. Si se hacen las cosas bien es posible que hasta se consiga a través de su patrimonio. También hay quien afirma que «¡qué pronto está en la calle!», algo con lo que no estará de acuerdo Roca, que ha estado doce años encerrado, aunque quizás se entienda el comentario al tener en cuenta que eran muchos más los de su condena. Curiosamente, el considerado cerebro de Malaya y otras más, está libre antes que algunos de sus «compañeros», que aún se encuentran entre rejas, aunque entraron después que él. En todo caso, tiene causas pendientes sobre las que habrá que esperar su resultado. Ahora, Roca, ¡quién lo iba a decir!, trabajará en Cáritas y en una asesoría privada durante su tercer grado. Experiencia tiene y, desde luego, sabe cual es el buen y el mal camino.

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