Liarse con las vacaciones

Las intervenciones públicas del presidente de Ryanair siempre son escandalosas

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Esto es lo que le ha pasado a los de Ryanair después del verano según ha confesado su histriónico propietario: «nos hemos liado con las vacaciones». Lo ha soltado así, en inglés y en una forma tremendamente coloquial ('mess up') colocada con papel de liar en una nota de prensa que habrá sentado fatal a los más de 400.000 afectados que 'se quedarán en tierra', expresión de estas que tienen un uso restringido, en este caso a la jerga aeroportuaria. La compañía irlandesa, que a quien esto suscribe le permitió viajar una vez a un aeropuerto perdido en Alemania por un miserable euro (más tasas), suspenderá de aquí a octubre más de dos mil vuelos. Dicho así, 'dos mil vuelos', suena como una barbaridad, pero lo cierto es que esta cifra supone una cantidad irrisoria de traslados en una empresa que es líder en transporte de pasajeros en nuestro país, por motivos evidentes.

Esta es la familiaridad con la que suele relacionarse con la gente el empresario Michael O'Leary que, además de presidente de esta empresa y uno de los empresarios más ricos de Irlanda, es también su imagen de marca, su mascota: el Ronald Mcdonald de Ryanair. Ha abaratado costes y le ha dado a mucha gente la oportunidad de viajar, rompiendo la antigua concepción de coger un avión como un lujo. A cambio, hemos tenido que testificar algunos de los momentos más excéntricos en nuestro continente desde la creación de la Unión Europea.

Sus intervenciones públicas siempre son escandalosas, su propia personalidad se ha transformado en una productora de publicidad gratuita, como esta columna. Su empresa publicaba cada año un calendario con azafatas en bikini que tuvo que ser retirado después de las enérgicas condenas del personal. Una vez en España, aprovechó el encierro de unos pilotos despedidos de otra compañía para anunciar más rutas mientras hacía el ganso con una maqueta de un avión, y luego se hizo una foto con los afectados por el despido con el símbolo de la victoria. Tuvo que salir de aquella rueda de prensa escoltado por la policía. También convirtió su Mercedes en un taxi para poder entrar con el coche en las calles del centro de Dublín. Otra perla. Los que viajan se habrán dado cuenta que volar con ellos hace unos años era visto como una indigencia porque en la cola de embarque eran frecuentes los episodios de violencia verbal por las restricciones de la compañía, que incluían humillaciones públicas mediante la medición de los bolsos de mano. Ante las críticas de los usuarios cambió de política, y dijo: «Ser amables con los clientes nos está funcionando muy bien. Deberíamos haberlo hecho mucho antes». Esta semana, tras intentar colar que los retrasos se debían a una mejora de la puntualidad y a las huelgas, ha confesado que su empresa líder en aviación se ha hecho un lío con las vacaciones, lo típico, liando de paso las de los demás.

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