La rotonda

Legado

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Si a alguien se le ocurriese la absurda idea de elegir al mayor artista español de todos los tiempos se metería en un laberinto apasionante, pero sin salida. Si entrara por la puerta de la pintura se perdería a la hora de elegir entre Murillo, Velázquez, Goya, Dalí, Picasso, Miró... Si optara por la literatura, la confusión sería aún mayor. Para muchos Cervantes no tiene discusión, pero ahí estarían Quevedo, Calderón, Lope de Vega, Pérez Galdós, Blasco Ibáñez, Unamuno, Valle Inclán, Pío Baroja, Góngora, Machado, Lorca... De haber nacido en otro país, cualquiera de estos podría ser considerado el mejor de la historia, el escritor que podría definir por sí mismo la impronta cultural de una nación entera. En las otras curvas del laberinto, quien se viera ante esta hipotética situación podría encontrarse con Buñuel, con Gaudí, con Camarón, con Plácido Domingo, con Alfredo Krauss...

La historia ha sido generosa con España y la hizo protagonista de su hito fundamental. Hay quien llama a aquel acontecimiento descubirimiento y quien lo llama invasión; quien lo considera sólo una colonización y quien lo reivindica como una gesta civilizadora. De la historia de España en América hay quien pone el acento, según desde qué orilla del Atlántico se observe, en un saqueo sistemático de riquezas o en la formidable herencia cultural que pervive hasta nuestros días. En ninguna de las dos orillas se duda, sin embargo, de que ese fue el acontecimiento que permitió a la humanidad tomar conciencia completa de su entorno y reconocerse en plenitud. La llegada del hombre a la luna languidece frente a aquella epopeya.

También ha habido, naturalmente, episodios terribles, pero no se puede decir que la historia haya sido rácana con este país. Parte de ese legado es un himno sin letra. Hay quien considera que esto es una desventaja, porque pone a nuestros deportistas en un nivel más bajo de motivación frente a rivales que entonan las canciones guerreras que casi siempre son los himnos. Los resultados deportivos de los últimos años desmienten esa tesis. En cambio, sí es una ventaja constatable que nuestros hijos no se vean obligados a aprender estrofas que hablan de alistar batallones, de morir con gloria o de poner a su país por todo y sobre todo. Especialmente teniendo en cuenta que éste es un país donde los símbolos muchas veces se enarbolan en las luchas internas con más intención de separar al que piensa diferente que de unir por encima de opiniones.

El himno de España no tiene letra. Punto. Posiblemente sea bueno no intentar aspirar a algo tan grande como corregir a la historia. Supone una empresa imposible y estéril. Y además el riesgo de caer en el ridículo es enorme.

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