Lección de español

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

En ocasiones, a la tristeza por la pérdida del amigo, o la amiga en este caso, se une la tristeza por la pérdida de quien podía liderarnos en momentos de máxima dificultad. El miércoles pasado vi en el balcón de una casa cercana al Congreso de los Diputados dos banderas juntas, la española y la catalana. No es una imagen frecuente, y enseguida me acordé de una idea que me contó Carmen Chacón cuando los independentistas catalanes convocaron el anterior referéndum de secesión del 9 de noviembre de 2014. Carmen decía que ese día habría que izar la senyera en todos los ayuntamientos de España para decirle a Cataluña, de una forma imposible de tergiversar, que forma parte de España, y que la queremos.

Inexplicablemente, los españoles hemos dejado que sea la extrema derecha la que se apodere de la defensa simbólica de la unidad de España, y claro, la defienden a su manera, que es la peor manera, la más contraproducente. Y es que, nos pongamos como nos pongamos, no es lo mismo, visto por un catalán o una catalana, que para decirle que los queremos, cuelguen la senyera en el ayuntamiento del pueblo de sus abuelos en Almería, que ver a unos cuantos centenares de personas gritando como energúmenos: «a por ellos, oe». La emoción es distinta en un caso y en otro, es más, la reacción instintiva ante el «a por ellos, oe» es salir corriendo, aunque no se refieran a uno, no vaya a ser.

Obviamente la idea de Carmen es la de quien sabe, por experiencia propia, que una mayoría de catalanes y catalanas son, y se sienten, tan españoles como los andaluces o los aragoneses. Algo que, aunque parezca increíble, desconocían quienes boicotearon, en su día, los productos catalanes, ¡ojo!, no los productos de los independentistas catalanes, sino de los catalanes, que son nuestros compatriotas.

También a Carmen hubo quien la boicoteó en Cataluña por ser española, y en otros lugares de España por ser catalana. Así suele ser el pensamiento nacionalista, demasiado pequeño para un mundo cuya mejor riqueza no comprende. Porque la riqueza del mundo es su diversidad, esa diversidad que nace de infinitas mezclas y combinaciones de personas e ideas, y que hace sorprendente nuestro planeta, e interesante la vida.

Cuando esta semana vi la senyera junto a la bandera española en aquella casa cerca del Congreso pensé, aquí viven unos españoles muy españoles. Hay que ser muy español para decirles a los nacionalistas excluyentes españoles que los catalanes, su lengua y su cultura, son España, en lugar de reírle las gracietas anticatalanas en la barra del bar. No se le hace ningún favor a España confundiendo a los independentistas con Cataluña, qué más quisieran los independentistas que ser Cataluña. Son algunos hombres y mujeres del País Vasco y de Cataluña, como Carmen Chacón, quienes nos han dado, con modestia y sin proponérselo, las mejores lecciones de lo que es ser español. En esta hora de España, todos nosotros tenemos un deber de solidaridad con nuestros compatriotas catalanes, y debemos hacerles ver que no nos vamos a desentender de su destino.

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