Una lección

La rotonda

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

El Ayuntamiento de Marbella tiene previsto aprobar en su pleno de hoy la cesión de suelo a la Junta de Andalucía para la construcción de un instituto de secundaria y lo que debería ser una procedimiento rutinario se ha convertido en una noticia de primer orden. En primer lugar, porque Marbella es uno de esos lugares donde la colaboración entre dos instituciones gobernadas por diferentes colores políticos alcanzó en los últimos años mayor virulencia. Tanta, que los ciudadanos han terminado asumiendo lo que es habitual aunque no debería ser normal: que las instituciones invierten o dejan de invertir en función del color político del equipo de gobierno.

Mientras fue alcalde el socialista José Bernal se anunciaron inversiones de la Junta, que en nunca llegaron quizás por falta de tiempo, y ahora que está la popular Ángeles Muñoz los ministros del Gobierno central anuncian actuaciones que hasta la moción de censura del verano eran una quimera, como la construcción de un tercer carril en la A-7 a su paso por Puerto Banús. Lo peor es que nadie se sorprende por eso.

Durante los anteriores ocho años de mandato de Ángeles Muñoz, la colaboración entre ambas instituciones, Ayuntamiento y Junta, fue inexistente, hasta el punto que hubo que esperar a la llegada de un alcalde socialista para que el Gobierno andaluz se aviniera a negociar la refinanciación de la deuda millonaria de la ciudad con Ejecutivo autonómico cuyas condiciones de pago eran imposibles de asumir para las arcas municipales. Durante todo aquel tiempo, la Junta no concedió inversiones de peso a Marbella y en cambio regaló a Muñoz la posibilidad de construir un discurso del agravio que seguramente muchos vecinos compartieron porque se sustentaba en argumentos de peso.

Pero la cesión de suelo para la construcción de un instituto, en una ciudad donde la planificación de las estructuras educativas tiene la dificultad añadida de los vaivenes demográficos provocados por las coyunturas económicas, es también un acontecimiento por otra sencilla razón: en Marbella no hay suelo.

Basta con revisar el Plan General de Ordenación Urbana, que data de 1986, para comprobar que donde debería haber centros de salud en los años del GIL se levantaron urbanizaciones, y donde debería haber colegios ahora hay gasolineras. La fiesta del dinero fácil que unos pocos disfrutaron durante aquellos años dejó en la ciudad una losa que arrastrarán varias generaciones. Es una lección que ahora, que los apartamentos turísticos nos ponen a las puertas de una posible nueva burbuja, ya deberíamos tener aprendida.

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