El lazo de Pep y los derechos humanos

El lazo de Pep y los derechos humanos

A Guardiola le gusta usar su posición en el Manchester City para criticar a España, pero guarda un total silencio sobre los Emiratos Árabes, el país gobernado por los dueños del club

Es una parte de la humanidad». De esta forma defendió el entrenador del club de fútbol Manchester City, Pep Guardiola, su derecho a llevar un lazo amarillo en apoyo de los nacionalistas catalanes durante la final de la Copa de la Liga el pasado sábado. Es posible que la Asociación de Fútbol Inglés, que tiene una norma contra el uso de símbolos políticos entre los profesionales, sancione a Guardiola, pero al entrenador catalán le da igual. «Lo usaré siempre ... Tengo empatía por esos tipos (los Jordis) encarcelados en España... No han sido probados culpables. Cualquier persona podría encontrarse en esa situación».

Guardiola tiene razón. Cualquiera podría encontrarse encarcelado sin juicio, en concreto en los Emiratos Árabes. Esto es muy relevante para Guardiola y su lazo, porque el dueño del Manchester City, el jeque Mansour, es miembro de la Familia Real y viceprimer ministro de los Emiratos Árabes. El Manchester City le ha dado al jeque mucho prestigio y a Guardiola un salario suculento de unos 20 millones de euros anuales.

¡Qué ironía! Mientras que a Guardiola le gusta usar su posición en el Manchester para criticar a España, parece que el entrenador guarda un total silencio sobre los muchos abusos de los derechos humanos en los Emiratos Árabes, el país gobernado por los dueños del club.

Los Emiratos Árabes se rigen por monarcas absolutos y hereditarios. No hay democracia de forma alguna y Mansour es una de las figuras clave en la élite. Para los demás, las libertades fundamentales -como la de expresión, la de prensa, los sindicatos o la independencia de la justicia- son muy limitadas. Según muchas de las ONG que trabajan para promover los derechos humanos, los Emiratos Árabes tienen un récord lúgubre y han sido condenados por un sinfín de organizaciones internacionales. Por ejemplo, según el último informe de Amnistía Internacional, las autoridades siguieron restringiendo arbitrariamente el derecho a la libertad de expresión y de asociación para detener, enjuiciar, condenar y encarcelar a sus oponentes. Otros simplemente desaparecen. Aún más serio, el informe de Amnistía dice que decenas de personas están condenadas en juicios injustos y algunos detenidos están en condiciones de sufrir tortura, cosa que las autoridades no investigan casi nunca. A continuación, el informe identificó dos grupos en particular que sufren discriminación tanto en la legislación como en la práctica: las mujeres y los inmigrantes. Este último grupo representa aproximadamente el 70% de la fuerza de trabajo en los Emiratos Árabes y son «expuestos a sufrir explotación y abusos». Hay que preguntarse si Guardiola está pensando en estas personas también cuando habla de su «empatía» con los oprimidos y los encarcelados injustamente.

El año pasado, la ONG Periodistas sin Fronteras (PSF) destacó la falta de libertad de prensa en los Emiratos Árabes. Según su Índice de Libertad de Prensa, los Emiratos ocuparon un puesto en el último tercio -el número 119 de los 180-. Por el contrario, España es uno de los países donde más se respeta la libertad y ocupa el puesto 29 de la lista. Gracias a algunos periodistas estupendos, todo el mundo sabe lo que está sucediendo en España y puede escuchar a Guardiola hablar con libertad. Según los datos de PSF, el entrenador del Manchester tendría muchos más problemas para hacer lo mismo en los Emiratos Árabes.

Quizás el índice más completo y más preocupante sea el de la muy respetada ONG Freedom House, que analiza los derechos humanos de 192 países. Desde los años 90 Freedom House ha categorizado a los Emiratos Árabes como un país «no libre». Freedom House da una nota a los países en un rango de 0 (el menos libre) a 100 (más libre). Los Emiratos Árabes Unidos sacan una nota pésima de 17, uno de los peores. España, por el contrario, saca una nota de 94, que lo ubica como uno de los países más libres sobre la faz de la tierra.

No hay duda de que Guardiola es sincero en sus creencias y su protesta singular. Sería un error para las autoridades del fútbol británico sancionarlo, sobre todo porque contribuiría a la narración del mártir, tan esencial para la causa catalana. Pero hay que cuestionar su juicio. Guardiola quiere usar su plataforma en el mundo del deporte para promover sus opiniones sobre las supuestas injusticias en Cataluña a un público más amplio. Sin embargo, él y su lazo deberían atraer la atención de sus empleadores en el Manchester City también. Si Guardiola quiere hablar sobre derechos humanos, debería empezar con los de los Emiratos Árabes y el papel de su jefe.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos