Juntos... por si eso

La prestidigitación política ha llevado al PNV, con su portavoz en el Congreso -Aitor Esteban- a la cabeza, a plantear la derogación de la prisión permanente revisable con un amplio rechazo de la sociedad española

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

El Partido Nacionalista Vasco es un partido de tradición nacionalista y de derechas con una larga historia a sus espaldas. Aparte de su endogamia fundacional y su trayectoria igualmente grupal, realmente su época más oscura es reciente y se encarna en aquella parábola en forma de ensayo de Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga titulada 'El árbol y las nueces'. En 1990 Xabier Arzalluz decía textualmente: «No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan, unos sacudan el árbol, pero sin romperlo para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas...».

Sin embargo, estratégicamente el PNV siempre acaba por aparecer en iniciativas y sociedades políticas con partidos de la izquierda española. Ello a pesar de que el referido presidente del Euzkadi Buru Batzar llegó en tiempos a calificar al mismísimo PSOE como «el enemigo número uno». Gorka Aguirre, peneuvista muy del círculo de Arzalluz, llegó a comentar refiriéndose al PSOE-PSE: «Al final, tendremos que llegar a algún acuerdo porque, para conseguir lo que buscamos, tendremos que gobernar con vosotros...».

El País Vasco es un territorio cuya superficie asciende a 7.234 kilómetros cuadrados. Para hacernos una idea, la provincia más pequeña de Andalucía en superficie es la de Málaga y tiene 7.308 kilómetros cuadrados (por cierto, que la proyección futura de población de uno y otro enclave empieza a barajar números cercanos). Es, pues, la autonomía vasca una comunidad con un territorio que podríamos llamar -con todas las prevenciones- pequeño, si bien los nacionalistas reclaman la anexión del llamado País Vasco francés y Navarra -esto último recogido en la Constitución como Disposición Transitoria Cuarta a modo de posible, si se pronunciase en ese sentido una mayoría y así fuese aprobado en referéndum-.

Tras unos tiempos de superficial moderación del nacionalismo vasco y con el protagonismo político más rabioso traspasado a los secesionistas catalanes, ha sorprendido el PNV con su portavoz en el Congreso -Aitor Esteban- a la cabeza, planteando la derogación de la prisión permanente revisable. Sin duda, una extraña táctica de prestidigitación político-penitenciaria que ha incendiado a una muy buena mayoritaria parte de la sociedad española. A esta iniciativa se sumó Podemos -algo que no extraña en ningún caso- y también lo han hecho PSOE y ERC. Los socialistas ya expresaron en 2015, cuando esta formulación penal fue aprobada por las Cortes, su negativa y oposición a la misma. Si bien, dadas las campañas en favor de esta medida así como los luctuosos sucesos que machacona y cruelmente mueven conciencias para darle aplicación, no ha sido muy oportuna la toma de postura de un PSOE realmente sordo a la gente y a la lógica. Más aun siendo el Partido Socialista el que presentó recurso de inconstitucionalidad frente a la permanente revisable sumándose expresamente a la derogación -de extraño proponente- sin esperar el fallo del Alto Tribunal. De la postura favorable a la iniciativa peneuvista de Esquerra Republicana de Cataluña no es cosa de hablar, su voto no es crucial y además los suyos andan envueltos en otras aventuras que les definen mejor y les quedan muchos periódicos por llenar, tanto de lo perpetrado como de lo que harán.

Hay prisión permanente revisable en todos los países de nuestro entorno, a excepción de Croacia y Portugal. La importante alusión constitucional en su artículo 25-2 a que «... las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad deben estar orientadas a la reeducación y reinserción social...» no excluye que básicamente, en Derecho, los fines de la pena son tres: retribución, ejemplaridad y reinserción social. Todo hay que contemplarlo y mal cumpliremos la Constitución si gozan de libertad los condenados por crímenes especialmente crueles sin la mínima garantía de que su rehabilitación y por tanto su reinserción sea un hecho. Hay que proteger los derechos de todos, los de los reos por supuesto, pero también los de las víctimas potenciales, a las que no tenemos derecho a poner en peligro a manos de probados reincidentes.

Por cierto, la antigua Convergencia, actualmente PdeCat o Partido Demócrata Catalán, acaba de registrar una nueva marca electoral : 'juntos por la república' 'junts per la republica'). Juntos, aunque cada día se juntan menos con ERC y aún menos con la CUP, o quizá sean esto últimos los que no se dejan juntar. Todo ello hasta el desastre final que, nadie dude, llevará al nacionalismo excluyente, insolidario y supremacista, a debilitarse como nunca llegamos a creer que ocurriría. Su estrella caduca y decimonónica cada día tiene más contestación social y judicial.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos