Jugar con fuego

Pilar Martínez
PILAR MARTÍNEZMálaga

La prueba de fuego del turismo se ha superado, pero el examen evidencia que las cosas están cambiando y que este estío ha remarcado la tendencia hacia un nuevo modelo, que viene determinado por la irrupción de nuevas formas alojativas. Un elemento que ha disparado la capacidad de carga de los municipios, sin duda, porque hay una demanda pujante, en la que crece con fuerza el cliente nacional. El mismo que pasa factura a los hoteles con notables descensos en las reservas.

Sin embargo, lo peor de este verano no se encuentra en las estadísticas sino en la de veces que, de forma insólita, el turismo ha protagonizado informativos y tertulias en los medios de comunicación por las primeras muestras de la denominada ‘turismofobia’, que ha querido ser contrarrestada con otro palabro como el de ‘turismofilia’, dibujando el verano del ‘turismodisparate’. Y es que se impone la idea de que es de ‘progres’ cargar contra el turismo, una insensata moda por muchos aspectos que el turismo tenga que mejorar. La paradoja es que parte de los que consideran guay ir contra quienes nos visitan son los mismos que defienden a capa y espada, incluso cuando se saltan la legalidad, a aquellos que quieren sacar rentabilidad a sus viviendas bajo el paraguas de una cuestionada economía colaborativa. ¿Cómo es posible querer vivir de las rentas que propician unos inquilinos que son viajeros y a la par protestar de que hay muchos turistas en el barrio?. El nuevo modelo ha venido para quedarse, por lo que frente a la queja no queda más que la planificación, aunque con eso no se consigan minutos de gloria en televisión. Una pena que se juegue con fuego a sabiendas del alto riesgo de quemar el pilar de la economía. ¿Y después qué?. Lamentable.

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