JUEGO DE DAMAS

FRANCISCO MOYANO

EN la actualidad, en una ciudad tan populosa como Marbella, muchas de las visitas pasan desapercibidas y no es especialmente dificultoso ampararse en el anonimato. No era tan fácil algo así en la década de los años sesenta, el momento de la gran eclosión turística de la ciudad. Ante la curiosidad y cierto grado de indiferencia, la población, que ya comenzaba a ser multinacional, aunque con predominio de los autóctonos, asistía a las visitas de personajes del cine, la televisión, la música e incluso de las diferentes realezas europeas. Tampoco faltaron las visitas de representantes políticos internacionales y nacionales. Quiero evocar la llegada a Marbella en 1968, año especialmente significado en la presencia de personalidades en la ciudad, de dos primeras damas. En el mes de junio, a comienzos, pasó por Marbella María Angélica Klein, que era la primera dama de Uruguay, esposa del presidente Jorge Alejandro Pacheco Areco, del Partido Colorado, además de prestigioso periodista. El Ayuntamiento de Marbella le ofreció una cena de homenaje en el transcurso de la cual le fue entregado el &ldquoSol de Oro&rdquo de Marbella. Curiosamente en la presidencia de la cena no se encontraban los titulares de los respectivos cargos porque asistieron Ceferino Sánchez Calvo, gobernador civil accidental; el alcalde accidental Antonio Maíz Viñals y el Jefe Local del Movimiento, también accidental, Manuel Bermúdez. Antonio Maíz le entregó además un ejemplar de la 'Guía Histórica Turística de Marbella', de la que era autor; de igual forma pronunció unas palabras donde resaltó el supuesto amor del pueblo de Marbella hacia la Sra. Klein de Pacheco Areco a quien deseaban &ldquolargos años de vida y felicidad&rdquo. El gobernador civil accidental resaltó, de manera convencional, la amistad existente entre ambos países. Intervino para agradecer el agasajo, el embajador de Uruguay en España, Posadas Montero. La cena tuvo lugar en el Hotel Los Monteros, aunque la presidenta consorte se había alojado en el Meliá don Pepe. Para la población marbellí la estancia de la primera dama de Uruguay no tuvo ninguna repercusión; algo muy distinto había ocurrido en los primeros días de febrero cuando visitó Marbella la primera dama de España, Carmen Polo de Franco, de la que siempre se dijo, seguramente inscribiéndose dentro de la leyenda más que otra cosa, que mantuvo estrecha relación con el vicario arcipreste y prelado doméstico de Su Santidad, don Rodrigo Bocanegra Pérez. La esposa del dictador llegó a Marbella para clausurar el cinco de febrero el 'I Salón Internacional de Arte y Antigüedades' que había albergado el hotel Pinomar, dentro de una serie de actividades que en enero había organizado el Ayuntamiento bajo la denominación de 'Fiesta del Sol'. La clausura, prevista para el último día de enero, se había aplazado en espera de la visita de la señora Polo. Venía acompañada de un interminable séquito, especialmente de otras damas, esposas de ministros y otros cargos del 'Régimen'. Fue recibida por el director del hotel Pinomar, Juan García Soto, cuya esposa, Antonia Cabrera, le entregó un ramo de flores. Igualmente le acompañaban el arcipreste Bocanegra, el alcalde Francisco Cantos Gallardo, con su esposa Mercedes Liébana, y el Ayudante Militar de Marina, Eduardo Gaviño. Tras recorrer el salón durante una hora, abandonó el recinto y se dirigió al Meliá don Pepe, donde le esperaba su director, Mateo Bosch Salas. Allí descansó en una de las suites y posteriormente asistió a un almuerzo con el séquito y las autoridades locales y provinciales. La tarde contó con una apretada agenda, en la que destacó la visita a la obra social que Bocanegra impulsaba desde la Parroquia de La Encarnación. Las calles del recorrido, especialmente la Plaza de los Naranjos, se encontraban muy concurridas; la prensa de la época dijo que se había producido 'un delirio popular', sin duda no fue para tanto y debemos interpretarlo en el contexto propagandístico de la época. Giró visita a las escuelas parroquiales, la 'Agrupación Mixta Parroquial', recibida por maestros y niños y niñas. Visitó la residencia de ancianos de la Fundación Jaeger y los talleres de cerámica y objetos de esparto. En todo momento contó con las explicaciones de don Rodrigo Bocanegra. La visita concluyó con una solemne Salve en el templo de Santa María de la Encarnación que se encontraba excepcionalmente concurrido. Carmen Polo, fiel a su característico atuendo, lucía un espléndido collar; no podía ser de otra forma. Mil novecientos sesenta y ocho: primeras damas en Marbella; en el cajón de las historias olvidadas.

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