¿Hoy juega Piqué?

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Hoy juega la selección española de fútbol en Alicante y algunos de sus jugadores confunden sentimientos con obligación, devoción con banderas, patria con himnos sesgados de fronteras. Representar a tu país es un regalo, clasificar a tu país para un Mundial debe ser motivo de orgullo. Vestir la camiseta roja, con la que se identifican millones de personas, no debería dar lugar a equívocos. Se quiere o no se quiere, se siente o no se siente. Ser andaluz es ser parte de España, con sus singularidades, sus distintivos y sus características propias. Se puede ser monárquico o republicano, pero dentro del marco legal. Igual que se puede votar al PP o a Podemos, a Ciudadanos o al PSOE, y no por ello significar ser más o menos español, más o menos catalán. En esta sarta de mentiras que derivan del desafío independentista se han colado falsedades como carros. Y la mayor de ellas es querer separarse de España y ser indiferente a las consecuencias que esa decisión acarrea. O esta otra: jugar con la selección española de fútbol un partido vital para la clasificación del Mundial de 2018 que se celebrará en Rusia y votar en un referéndum ilegal para luego salir en público entre sollozos lamentando la situación. ¿A qué juega Piqué? ¿Hoy juega Piqué? Desde luego se ha equivocado de terreno de juego en el que desplegar sus cualidades, que no dudo que tenga unas cuantas. Un campo de fútbol nunca debe ser un labrantío de batalla ideológica, porque deporte y política tienen mala combinación, como se ha demostrado últimamente. Hay que respetar a aquellos que se sienten catalanes por encima de españoles, pero hasta que la Constitución no diga lo contrario este país se llama España y Cataluña forma parte de ella. Tanto caos, tanto desbarajuste, ha llevado a los mal llamados defensores de la patria a la exaltación de sentimientos que son tan nacionalistas como los detractores de la otra madre patria. Todo radicalismo genera injusticia, provoca violencia. Hace 40 años, este país salió de una situación muy complicada gracias al diálogo, a la predisposición de políticos de todas las ideologías a sentarse en una mesa para realizar una Transición que incomodara a los menos posibles y agradara a una mayoría necesitada de avanzar en el tiempo, olvidando ciertos resquemores del pasado y haciendo de tripas corazón ante injusticias que solo la Ley tenía potestad para adjetivarlas. Desde luego que en estos albores de octubre ha faltado predisposición al diálogo y ha sobrado egoísmo. Y eso solo conduce a una fractura social que no hay yeso que la resarza después.

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