JM & JC

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

HE visto a un torero llorar. Eso que dicen de que los hombres nunca lloran, y menos los toreros, no es cierto. Ayer por la mañana, delante de la tanatosala 3 de San Gabriel vi llorar a un torero de Málaga, Javier Conde, abrazado a Joaquín Marín Domínguez por la muerte del que fuera gran periodista malagueño, director de SUR durante los años más difíciles de la transición, y gran amigo de su familia. Joaquín Marín fue uno de los primeros en descubrir el arte que llevaba dentro Conde, y lo siguió, con su compadre y compañero en SUR Salvador Salas, cuando el diestro de La Malagueta rompía moldes y llenaba las plazas. La amistad inquebrantable de ambos siempre se mantuvo, contra viento y marea, en el triunfo y en el ocaso. En las alegrías y en las adversidades. Ambos nacieron en Málaga, son de Málaga, enamorados de Málaga... Ese fue y es el gran defecto de uno y de otro. Viendo al maestro llorando apoyado en el hijo de su amigo, amigo igualmente, se me vino a la cabeza la grandeza y la miseria de esta Málaga de nuestros amores, que encumbra a sus hijos, y después, si puede, los pulveriza. Joaquín ha muerto joven, de una forma casi fulminante por esa terrible enfermedad contra la que tantos y tantos luchamos. Murió sin recibir ni cien malditos gramos de las lisonjas y honores que su trayectoria profesional merecía, sin una calle, sin una glorieta, sin una medalla de la capital o de la provincia. JM fue protagonista importante, muy importante, de la transición democrática, y su apuesta por las libertades fue santo y seña de y por Málaga; cuidado, que lo que hoy parece fácil, no lo fue siempre. Era un hombre muy normal, amigo de sus amigos, que gustaba del fútbol y de los toros, y que soñaba con aquel 6-2 al Real Madrid, o con la faena que Javier Conde hizo una noche mágica en La Malagueta glorificada en un maravilloso artículo por Manuel Alcántara. Ahora, seguro, le llegarán numerosos homenajes, numerosos premios... pero le hubiera encantado recibirlos en vida. No es justo lo que le ocurrió a Joaquín. Así de claro. Ser normal hoy no se premia, porque para eso están los que son unos mediocres (abundantes por cierto) que para salvarse hacen lo contrario a lo que deben. Alguien dijo una vez, por ejemplo, que Alcántara era el mejor articulista de la historia española contemporánea, tan bueno que no lo aparentaba ni quería, al contrario de la mayoría de sus malos imitadores que circulan por la prensa española. Pues igual todo en la vida. Dos hombres abrazados llorando de pena por el amigo muerto. Posiblemente también de tristeza por esta madrastra llamada Málaga. Descansa en paz, compañero. El pan y la sal, por estos lares, están mucho más caros de lo que muchos merecen. JM ya reposa para siempre en la ciudad en la que nació, Mijas. Seguro que en su vuelta a 'su' Malagueta, JC le brindará un toro...

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos