Jaume Agitprop Roures

El sitio de mi recreo

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El periodismo es el anticipo de la verdad. Rescata a la realidad de la ficción. Escribe donde otros sólo quieren dictar. Tiene la capacidad de convertir las despedidas en encuentros y de acercar lo que se empeña en distanciarse. La calidad de la democracia se conoce por el periodismo en el que habita.

El día que la información se convirtió en un negocio, la verdad dejó de interesar. Y en eso andamos desde hace mucho tiempo. Los intereses económicos condicionan de una forma cada vez más preocupante la calidad, independencia y veracidad del periodismo. En demasiadas ocasiones se convierte en fiel servidor de la agitación y la propaganda. Convierte el oficio en rehén de causas partidistas que nada tienen que ver con la obligación de servir a la verdad.

Esta semana conocimos un informe de la Guardia Civil entregado al magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, instructor de la causa penal relacionada con el proceso independentista catalán. Éste afirma que el dueño de Mediapro, Jaume Roures, «podría» haber formado parte del comité ejecutivo mencionado en el documento EnfoCats, intervenido en el domicilio del número dos de Oriol Junqueras, Josel María Jové. Ese documento, una de las principales pruebas contra los encausados, diseñó la hoja de ruta que debía seguirse para imponer la independencia de forma unilateral en Cataluña. Son muchos los analistas que coinciden en destacar que el servicio a la posverdad realizado por algunas de las terminales mediáticas del magnate catalán, dieron alas definitivas a los argumentos independentistas entre la población, tan necesitados por los políticos secesionistas para legitimar socialmente su propuesta. En un ejercicio clásico de 'agitprop', pudimos observar en las semanas que rodearon al 1 de octubre pasado, la puesta en práctica de métodos eficaces con el único objetivo de influir sobre la opinión pública y así obtener réditos políticos.

El multimillonario productor catalán trotskista, dueño de los derechos televisivos del fútbol, que ascendió a hombros del zapaterismo para ayudar a cambiar España con La Sexta, puso altavoz al relato secesionista catalán con gran efectividad. «Yo no trabajo, yo milito [...] Hago dinero para servir a mis ideas», declaró ya en 2009 al periódico francés 'Libération':. Su apoyo incontestable a Podemos, junto con el que le da a los partidos secesionistas catalanes, ha contribuido de una forma decisiva a poner a la España del 78 al borde del precipicio. Jaume 'Agitprop' Roures «sorprendido por el bajo nivel intelectual» de los autores del informe de la Guardia Civil, sueña con acallar las palabras de Rick Crom: «La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes». Nada nuevo bajo el sol.

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