'Irma', la amarga

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

El huracán 'Irma', que ha arrasado El Caribe continental y el isleño, frontera imperial y acuática, me ha hecho recordar esta madrugada, merced a un don brindado por una extraña pesadilla, mientras rezaba en la Iglesia de San Felipe de Portobelo, aguardando el ojo tirano de la naturaleza, me ha hecho recordar, decía, el brioso filme de Billy Wilder 'Irma, la dulce', desternillantes sus protagonistas, Jack Lemmon y Shirley MacLaine, el orden y el caos, el santo y la puta, eterna e irremediablemente atraídos, unidos, navegando, y a la vez naufragando, como ahora ese huracán con nombre de mujer atacando sin piedad islas hispano/franco/británicas que se hunden y que afloran, que fornican más allá de la extenuación y que luego se aniquilan a causa de iconos húmedos y pasiones oscuras, porque en ningún sitio del mundo estuvieron tan juntas la supuesta bondad con la sustancia del mal absoluto, el paraíso con el infierno, ese es el Caribe de Víctor Hughes, el de la Ilustración con guillotina, como si fueran primas hermanas, alimentando mitos semovientes, pesados galeones repletos de oro y viciosos filibusteros rociados de ron, esfera imagen reproducida sin freno alguno entre culturas contrapuestas, nos sirve en este caso Lezama Lima viajando sin moverse, inventando un universo paralelo, extasiado por palabras tan bellas como incomprensibles. Les cuento: esta madrugada me encontraba en Portobelo y tiritando de miedo me preguntaba porque, antes de devastarlo todo, el Irma se anunciaba con tanta violencia, penetraba nuestra cabeza su ululante canto de muerte, y lo que son las coincidencias, esta misma mañana, horas más tarde, mientras desayunaba, escuchaba una entrevista radiofónica a un superviviente que precisamente aseguraba que lo peor no había sido el ímpetu del viento sino el rugido del huracán, que gritaba, que clamaba venganza, como un enviado de Dios, para anegar de odio y barro Antigua y Barbados, las Islas Vírgenes, San Bartolomé y San Martín, la perla cubana, nuestro Puerto Rico, y después, el muy perverso, o muy perversa Irma, saquear Haití y Dominicana, entrar sajando y doblegar Miami, para más tarde recorrer Florida hasta Georgia como una daga empleándose bien sobre la herida abierta. Hay una especie de maldición bíblica en todo esto, la ruta que ha realizado el huracán Irma es idéntica a la que perpetraban los repugnantes traficantes de esclavos traídos en condiciones infrahumanas desde Cabo Verde o Dahomey a La Española, todo el Atlántico se transformaba en un manto negro. De la carga sólo llegaba, con suerte, un sesenta por ciento, los cadáveres eran arrojados al océano y los últimos recibían sepultura en la costa nororiental de Haití. Ése es uno de los orígenes del vudú y de los zombis, un rito que propicia la vida de ultratumba, los primeros enterramientos profanados, el regreso a la patria africana. Quizá el huracán 'Irma' no sea más que un aviso del Diluvio Universal, cuando la deidad agotada de tanta injusticia y escarnio decidió colaborar con el exterminio, quién sabe si es cuestión de cantidad o de calidad.

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