El sitio de mi recreo

Irene Nebrija Montero

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Irene Montero es el frío en la política. Representa el invierno de Podemos, la noche de la izquierda. La 'portavoza' escribe peor que habla, vive mejor que declara, y defiende todo mucho peor que lo que recita y receta.

La España del género no tiene gramática que la soporte. La política no conoce de ortografía, prosodia, etimología y sintaxis. Se queda sólo en el masculino y el femenino, y claro, no da para la talla del traje que nuestra sociedad compleja necesita. No hay peor discriminación y desigualdad que la que proviene de la ignorancia. La incultura no puede ser la garantía en la defensa de los derechos de la mujeres. La nota al pie de página, la gracieta, lo estrambótico, no puede ser el elemento vertebrador de un discurso político con garantías de permanencia. De ninguna manera da visibilidad a las situaciones de desigualdad verdadera ni hace justicia a las mujeres que construyen día a día nuestra realidad.

El desdoblamiento en el lenguaje sólo califica al que persiste en el error, pero de ninguna forma supone avance alguno en el terreno de la igualdad. El machismo es un mal que todos debemos combatir desde la firmeza de nuestra creencia en la libertad y dignidad de todas las personas, por encima de cualquier consideración en razón de su sexo, religión o ideas. La lengua une a las personas, y en nuestra sociedad avanzada no es un instrumento que perpetúe el machismo por mucho que le pese a la representante morada.Nuestra primera gramática, triunfo de la lengua española, y elemento que ha hecho muchos más por el desarrollo de nuestra sociedad que la gran mayoría de los políticos, fue dedicada por el gran Antonio Nebrija a la reina Isabel la Católica, mujer para la Historia y poco sospechosa de ser tibia en la defensa de los intereses comunes, y de la que Fernández de Oviedo escribió: «Verla hablar era cosa divina; el valor de sus palabras era con tanto y tan alto peso y medida, que ni decía menos, ni más, de lo que hacía al caso de los negocios y a la calidad de la materia de que trataba». Tania Sánchez y Carolina Bescansa le pedirán a nuestra egregia reina que no levante su cabeza tras escuchar esta semana tanto dislate, y a la vez entonarán los versículos conocidos del ningún ojo vio, ni oído oyó las cosas que la actual portavoz podemita preparó para las mujeres que confiaron en su voz.

En estos días que la nieve adorna, y la política desprecia, no debemos cejar en el empeño de que la cultura siga vertebrando el discurso de lo correcto, de lo bello, de lo veraz, de lo auténtico, de lo real. Irene soñó con ser Nebrija y se quedó en Montero.

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