La rotonda

Intentarlo al menos

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Varios ministros del gobierno de Rajoy visitaron Marbella desde que comenzó este año y tres de ellos lo hicieron para realizar anuncios de calado. El de Fomento, reveló los progresos de los estudios previos del tren litoral y explicó cuáles son las opciones que se barajan, anunció la construcción de un tercer carril de la A-7 a su paso por Puerto Banús y dio a conocer la salida a concurso del proyecto para mejoras sustanciales en la misma vía en la Las Chapas; el de Interior anunció la próxima construcción de una nueva comisaría en la ciudad y reveló la intención de su departamento de construir dependencias policiales también en San Pedro; la de Medio Ambiente, que estuvo en Marbella unos pocos días antes de cesar, avanzó que unas horas después el BOE publicaría la salida a información pública del proyecto de estabilización de las playas de San Pedro.

Algunas de estas actuacionesa no eran más que meros anuncios, pero la mayoría figura con partida en los presupuestos primero aprobados y después enmendados por el PP y primero denostados y después adoptados por el PSOE. Constituyen, en todo caso, compromisos adquiridos por un gobierno que en aras del mismo andamiaje institucional en el que se sustentó la moción de censura deberían tener continuidad por parte de sus sucesores. Sobre todo, porque son gotas de agua en el desierto de inversiones para la provincia de Málaga que supusieron esas cuentas de la que sus perpetradores ahora reniegan por vendetta y que quienes las rechazaron tendrán que comerse con el embudo de la fuerza mayor.

En los sistemas parlamentarios no gobierna quien obtiene más votos, sino aquel que consigue formar mayorías. Quienes no entiendan o prefieran no entender ese fundamento básico del sistema consagrado en la Constitución cuestionarán la licitud de este gobierno, pero no es ésta la primera administración en la historia de las democracias occidentales a la que sus adversarios cuestionen su legitimidad de origen. Ese discurso sólo se contrarresta legitimándose en la gestión, algo que Pedro Sánchez ha intentado comenzar a hacer desde la conformación de un gobierno difícilmente cuestionable y que deberá seguir haciendo mediante la ejecución de los compromisos de inversión adquiridos por sus predecesores más allá de cualquier tentación sectaria.

Con 84 diputados, una oposición seguramente feroz que se siente despojada del poder de manera espuria y actuará en consecuencia y unos potenciales aliados variopintos a los que será muy difícil volver a poner de acuerdo, posiblemente no sea razonable juzgar a este nuevo gobierno por lo que no consiga hacer. Pero lo que con toda seguridad no se le perdonará es que no lo intente.

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