Vienen Curvas

Insonoricemos a los niños

Ana Barreales
ANA BARREALES

Alos niños que entrenaban baloncesto del colegio Lex Flavia no les dejan hacer deporte porque 'hacen ruido y molestan a los vecinos'. Tras una multa de 12.000 euros y amenazas de nuevas denuncias el centro ha decidido que no habrá más entrenamientos en unas pistas que el Ayuntamiento acondicionó hace unos años para que pudieran entrenar y que costaron 1,7 millones de euros. Que se lo cuenten a los vecinos del centro o a los que tienen una terraza debajo de su casa o una zona de botellón lo que es ruido.

La historia de las denuncias en colegios de Málaga ha sido bastante surrealista. El Ayuntamiento sostenía que no podía hacer una excepción a la normativa a la ordenanza de ruido, como con las bandas de Semana Santa, porque sólo se hacen para actividades extraordinarias y que era mejor insonorizar los colegios. Incluso se ofreció este verano a sufragar las obras para ello en el Lex Flavia. Cuando en septiembre se reanudaron las clases y los entrenamientos el Ayuntamiento no había hecho nada y se sacudió la responsabilidad que se había auto atribuido alegando falta de dinero para hacerlo y que, en cualquier caso, «no era competencia suya, sino de la Junta». En realidad, los entrenamientos deportivos son una actividad fuera del horario educativo, por lo que es una de esas cosas cuya competencia no está clara. Terreno abonado para echarse en cara eso que les gusta tanto a las administraciones de distinto signo político: la culpa de todo siempre es del otro.

Los niños, obviamente, hacen ruido cuando juegan en el patio y cuando entrenan. Y los colegios tienen que estar cerca de las viviendas. Y si no están cerca se reclama que se hagan así. No parece que insonorizar los colegios pueda ser la solución. En todo caso, ya puestos y siguiendo el surrealismo, habría que insonorizar también los parques, donde pueden jugar a cualquier hora y no precisamente en silencio. O mejor aún, insonoricemos a los niños y así se acaba el problema. Esto no hubiera ocurrido en los tiempos en que Enrique y Ana cantaban eso de «Haz ruido hasta que te estallen los oídos...». Claro que hoy día un dúo entre un adulto y un niña probablemente hubiera sido denunciado por alguien al defensor del menor como una especie de perversión.

Hablamos de ruido y de Málaga, una de las ciudades donde hay más motos por metro cuadrado de España y donde la densidad de bares con terraza deja alucinados a los turistas extranjeros, que no conocen la cultura del bar español. Esos bares en los que hay que gritar para entenderse porque el volumen de la conversación está muy por encima del nivel medio de la UE. Y no sólo cuando corre el alcohol, también mientras llenan la jarra de leche de los cafés mañaneros.

¿En serio el problema del ruido son niños que molestan haciendo deporte? Más bien parece que los adultos han hecho una normativa que aplican aleatoriamente y a veces hasta de forma ridícula. Así se hace cantera.

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