NO TAN INOCENTES

A los autores de ciertas tropelías no se les puede llamar inocentes, aunque deberían saber quién fue Herodes

JOSÉ MANUEL BERMUDO

CADA fecha como la de hoy, 28 de diciembre, se ha celebrado el Día de los Inocentes, aunque con el paso de los años ha tenido diversos matices. Ya nada tiene que ver, por supuesto, con los hechos que nos relata la Biblia sobre la muerte de todos los menores de dos años que ordenó el rey Herodes para eliminar a Jesús, por lo menos a nivel popular, porque la Iglesia Católica sí conmemora aquel hecho histórico. La fecha, mezclada con otras celebraciones paganas, y con las modificaciones que el ser humano ha realizado a su conveniencia, hace tiempo que se convirtió en un día para las bromas, a imitación del «día de los locos» en Francia y otros países o «el día de los tontos» en el Reino Unido, que tienen lugar en otros meses del año.

La tradición ha venido a menos, sobre todo en España, porque en algunos paises sudamericanos se mantienen vivos algunos de sus elementos, como el de no prestar dinero este día, porque, «por inocente que fuíeste, ya lo perdiste». En todo caso, hasta esto es ya más difícil, que la cosa no está para bromas tan serias y el personal no está dispuesto a permitirlo.

No hace mucho tiempo que los medios de comunicación españoles, incluso los más sesudos y serios, aprovechaban la oportunidad de este día para dar alguna «exclusiva» muy bien elaborada, aunque con algunas pistas para los más sagaces, con las que llamaban la atención de lectores, oyentes y espectadores, provocando alguna risa entre la mayoría y algún que otro enfado en quienes fueron los más crédulos. Todavía recuerdo la que provocó un periódico deportivo en la década de los setenta del pasado siglo al publicar en primera página que el portero del Athletic de Bilbao, José Ángel Iribar, símbolo del fútbol vasco, fichaba por el Real Madrid. Las reacciones fueron de todo tipo y eso que algunos no llegaron a fijarse en que en la información del rotativo se decía que la operación la había realizado el «conocido» intermediario Inocencio Santos. Benditas bromas que tenían la virtud de remover sentimientos, pero si hacer ningún daño a nadie, como mucho un pequeño sobresalto y la consiguiente reacción jocosa.

Hoy es ya muy complicado que nos encontremos con situaciones parecidas en los medios, porque muchos han renunciado a ellas, pero también porque la capacidad de asombro ha evolucionado hasta el punto de no sorprendernos de casi nada. También es muy posible que las nuevas tendencias tecnológicas y otras cosas nos hayan situado en una posición de no saber apreciar en muchas ocasiones lo que es la verdad de la mentira, o la llamada posverdad, o la mezcla de unas cosas y otras para despistarnos, porque hay gente que tiene sentimientos de complacencia ante los males ajenos. Estas cosas se notan, sobre todo, en las redes sociales, con tantos mensajes falsos y perjudiciales, en los que hasta se informa de las muertes de determinadas personas sin saber cuál es el beneficio de propagar tales mentiras.

También hay quien confunde la broma con la gamberrada que causa daño y que es intolerable, o con la libertad mal entendida, esa que lleva a algunos a sobrepasar la linea de lo permitido, «porque me da la gana». Por ejemplo, en Marbella no ha tenido que llegar el 28 de diciembre para ver el comportamiento incívico de algunos. Me refiero a la utilización que determinados elementos han hecho de un servicio público como el del alquiler de bicicletas, un nuevo producto de una empresa china que ofreció gratis el primer día, como una especie de cortesía hacia su futura clientela. Resultado: gamberradas en la circulación por las calles de la ciudad y bicicletas rotas y tiradas en los lugares más insospechados, hasta encima de una farola. Es decir, una respuesta gamberra para que tengan en cuenta con quién se la juegan. A los autores de estas tropelias no les podemos llamar inocentes, aunque deberían de saber quién fue Herodes.

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