La industria del agua

Carta del director

El mejor plan de reindustrialización de Andalucía (y Málaga) sería aprovechar el agua. Así de claro. Se generaría empleo, se fomentaría la creación de nuevas empresas y de una interesante actividad económica sostenible alrededor de la transformación, la importación y exportación de productos.

Puede parecer una exageración, pero no lo es. Málaga (y Andalucía) no tiene tanto un problema de agua -a pesar de la sequía actual- como de redistribución y gestión de los recursos. De hecho, la Sierra de Grazalema es la zona con mayor pluviometría de España, hecho que permitirá solventar la constante amenaza de falta de suministro para consumo y riego.

Andalucía nunca ha tenido una política de agua sensata y racional y va siendo hora de que la tenga, sin centralismos, sobre todo porque el agua es la materia prima de las dos principales industrias de la ecomomía provincial y regional: el turismo y la agricultura.

Grosso modo, bastaría conectar el Guadiaro y el Genal con La Viñuela (es decir, la costa occidental con la oriental), recrecer el pantano de la Concepción y abastecer la zona norte de la provincia desde Iznájar para sentar las bases de un nuevo modelo hidrológico en Málaga. Algunas de estas conexiones e infraestructuras estás avanzadas y otras requieren sólo decisión política. Es preciso un plan estratégico, garantizar una gestión racional de los recursos, disipar temores sobre los perjuicios de un sistema solidario, evitar conflictos territoriales, avanzar en un sistema de reserva y almacenamiento que incluya nuevos pantanos y modernizar las instalaciones y redes para un mejor aprovechamiento y ahorro, tanto en el consumo doméstico como en el agrícola.

Y todo ello con criterios de sostenibilidad ambiental. Una buena política hidrológica y un modelo agrícola no intensivo sino integrado en el bosque mediterráneo puede significar una revolución pendiente desde hace décadas y una vía para proteger la biodiveridad y luchar contra los efectos del cambio climático.

Piensen que, por ejemplo, Sevilla y Madrid tienen almacenadas reservas que garantizan tres años de consumo y Málaga, sin embargo, tiene apenas para un año por la falta de pantanos.

La producción del olivar, los viñedos, los subtropicales, los frutos secos y los cítricos y sus expectativas de crecimiento pueden proporcionar un modelo económico que, frente a los prejuicios e ideas preconcebidas, sea sostenible y generador de empleo y riqueza. El campo de hoy no es el campo de hace 30 años. Y la agricultura y el mundo rural puede ser uno de los mayores frenos de la desertización.

Como siempre, nos topamos con la gestión política y la falta de visión a largo plazo porque la planificación de los gobernantes se realiza de cuatro en cuatro años. Hay que convencer a nuestros políticos (la Junta, el Gobierno central y los partidos políticos) de la trascendencia de una nueva política del agua que pueda ejercer de motor de esos cambios en los modelos productivos que tanto necesita Andalucía.

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