Se inaugura un mojón

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Ayer, en el kilómetro 222 de la AP-7, vía que discurre entre Torremolinos y Benalmádena, se celebró un acto político majestuoso, uno capaz de devolver toda la fe que habíamos perdido. La estrella del ‘happening’ fue un ministro de Fomento al que seguían diputados aleatorios, directores de áreas, presidentes de cosas, senadores, subdelegados importantes, secretarios generales, candidatos en ciernes, un guardia civil con su tricornio y concejales de todo ámbito hasta sumar veinte, sí, veinte políticos reunidos para inaugurar un mojón de carretera.

En un tristísimo descampado, porque celebrar este acto en mitad de la carretera habría degenerado en un golpe para la democracia, había gente suficiente como para llenar una caseta de feria, caras con las que podríamos crear dos tableros enteros del ‘¿Quién es Quién?’. La Revolución Rusa empezó con menos gente: en aquella llanura había tantos políticos que se podría haber levantado allí mismo un Ayuntamiento paralelo, quizá incluso una Consejería. La de Empleo, por ejemplo. Podría ser la primera vez que tantos políticos se reúnen en nuestra provincia en un espacio tan pequeño y sin su correspondiente catering de Doña Francisquita.

Muchos de los allí presentes eran expertos en desplazarse en comitiva. Es una forma de transporte incómoda, lenta y aparatosa. A veces te deja el orgullo apaleado pero, si se resuelve con una habilidad anfibia y uno se inmoviliza con cada flash, ir en comitiva puede cambiarte la vida. En comparsas como esta se han alzado ministros y se ha dejado caer a directores generales. Allí debía resultar muy excitante imaginarse dentro de 15 años con sus nietos en el coche, hacia un destino incierto, y poder decir aquello de «yo estuve en la primera piedra de esta mismísima rotonda», porque entre los políticos hay una cosa típica que es decir yo hice esto o yo hice aquello. Ha extrañado la ausencia de sendos alcaldes de las dos orillas: uno estaba en Madrid y el otro de vacaciones. Ha hecho muy bien en quedarse: romper el asueto para inaugurar un mojón podría haber generado la cara más triste de esta fotografía.

Imaginamos los discursos: «Las carreteras sirven para unirnos, y eso nos hace mejores personas». El ministro comentó que este proyecto solucionaría un problema relevante y mejoraría la vida de los vecinos. Y es verdad. Los que estén familiarizados con esa carretera y con el momento ‘me voy al Arroyo de la Miel’, que es uno de esos nombres de lugares con una literalidad inquietante, sabrán que allí se producen dos o tres atascos diarios. Frente a la barbarie de la caravana, los conductores emprenden una silenciosa práctica habitual: para no estorbar y de una manera muy natural, como los que van a morir a la barrera, los coches se apostan ordenadamente sobre el arcén. El fin de esta práctica llegará cuando esté terminada la carretera. Será dentro de dos años. Si los que estaban en la foto se hubieran puesto a trabajar, lo mismo la terminaban en un mes.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos