IMPUESTOS

CARTA DEL DIRECTOR

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

A estas alturas hay muy pocos que duden de la necesidad urgente en este país de una reforma fiscal, capaz de redefinir el Impuesto sobre la Renta de las Personas Física (IRPF), así como el Impuesto de Sociedades, el de Sucesiones y el resto de impuestos directos e indirectos. Ello conllevaría, además, una redefinición del modelo de recaudación y de financiación de las administraciones públicas, del Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Una tarea titánica e improbable si nos atenemos a la nula capacidad de negociación que en estos tiempos exhiben los partidos políticos, más preocupados en otros menesteres. Los impuestos se fundamentan en la capacidad económica de los ciudadanos sobre principios de equidad y justicia distributiva, alterados de manera significativa y demencial por la extraordinaria bolsa de economía sumergida de España, que fulmina esos criterios que inspiran la carga fiscal que soportamos. Luego, hay una extensa relación de falacias que intoxican todo este debate, quizá provocado por el empeño de los legisladores en conseguir antes un buen titular que una buena reforma. En este país tendemos a asociar la economía sumergida con el trapicheo, con el fontanero o el pintor que cobra sin IVA una pequeña reparación en casa, cuando la realidad es que se genera en los grandes negocios y en profesiones liberales de difícil control. Tan listos que son en Hacienda, no hay que ser un lince para detectar cuándo el nivel de consumo no se corresponde con el de ingresos.

La medida del Gobierno impulsada por Ciudadanos de que las rentas de menos de 14.000 euros estén exentas de pagar el IRPF ha llenado titulares en medios de comunicación, con el mensaje de que se les baja los impuestos a los que menos tienen. Hubiera sido mucho más eficaz una medida añadida destinada a cobrar impuestos a los que los eluden de manera flagrante ante nuestras propias narices. Se habla mucho de bajar impuestos a los que menos tienen, de subírselos a los ricos (aquí se considera formalmente rico a un matrimonio de profesores universitarios que viven de su salario, por ejemplo), todo un eufemismo para aumentar los impuestos a la clase media, y se habla muy poco de destapar los grandes agujeros de dinero negro.

El modelo español es un bucle perverso que asfixia a la clase media (la que en términos absolutos más consume) y a la pequeña y media empresa (Pymes), cuyo modelo impositivo dificulta su actividad y crecimiento, porque aquí se aprieta más a un taller con tres empleados que a una gran multinacional con tres mil.

Mientras en España no se tomen medidas que favorezcan a la clase media y a las Pymes será imposible salir de esta melancolía de precariedad y presión fiscal mientras cada cierto tiempo nos enseñan una zanahoria para hacernos creer, como ingenuos, que algún día se aplicarán, de verdad y con honestidad, los criterios de capacidad económica, equidad, justicia y redistribución de la riqueza que inspiran, sólo en teoría, los impuestos en España.

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