Improvisando

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Como una iluminación, el Ministerio del Interior parece haber descubierto en el traslado masivo de inmigrantes una salida para amortizar ese sumidero de dinero público que suponen todos los proyectos paralizados, inacabados o concluidos pero sin uso que trufan nuestra geografía. Cerca de 500 personas llegadas en patera a las costas de Murcia han sido enviadas a la prisión de Archidona, que tenía prevista su apertura este verano y ha encadenado retrasos hasta llegar a noviembre sin ser estrenada. Ahora la ocupan cientos de inmigrantes cuya situación irregular constituye una falta administrativa pero no un delito, como deberían saber nuestros representantes, que de saltarse la ley entienden un rato. El simbolismo de la ocurrencia del área que dirige Juan Ignacio Zoido no tiene precio, y si lo tiene tardaremos en pagarlo porque afortunadamente la sensibilidad social respecto al drama de la inmigración cada vez resulta mayor.

Por si no tuviéramos bastante con la larga factura que promete pasarnos el proceso catalán, que entre otras lecciones debería habernos enseñado que hay pocas cosas más catetas y peligrosas que cualquier nacionalismo, ahora exportamos la cuando menos cuestionable imagen de ser un país que traslada a una prisión vacía a quienes se juegan la vida para conseguir un trozo de pan que llevarse a la boca. La marca España comienza a necesitar una refundición y hasta un plan urgente de marketing, por mucho que el Gobierno central haya evitado mencionar palabras como «cárcel», «celda» o «patio» para utilizar términos genéricos como «centro», «recinto» o «habitaciones». Leyendo su comunicado, cualquiera diría que el ministro del Interior, reconvertido en maestro del eufemismo, ha habilitado un hotel de cinco estrellas.

Convendría preguntar, para evitarnos sorpresas, cuál será la siguiente medida de este flamante programa de aprovechamiento de espacios públicos sin uso. Quizás los tripulantes de la siguiente patera que no tengan cabida en un centro de internamiento de extranjeros acaben siendo trasladados a aeropuertos fantasma o a trenes de alta velocidad sin vías por donde echar a andar. En Málaga, además de la ya famosa cárcel de Archidona para inmigrantes, disponemos de un completo catálogo de edificios pagados entre todos pero abandonados a su suerte, desde Correos hasta el Astoria pasando por el Museo sin cuadros de Torremolinos o el Teatro Lope de Vega de Vélez. El problema de gobernar improvisando es que cualquier idea, por esperpéntica o nefasta que sea, les acaba pareciendo buena.

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