A quién le importa

MARA TORRES

Uno de mis profesores de Redacción Periodística cuando algún estudiante sugería que quería ser corresponsal, nos echaba la bronca: «Venís tan contentos fantaseando con marcharos a contar lo que pasa lejos cuando a la gente sólo le importa lo que pasa cerca, lo demás le da igual. Y si no da audiencia, al medio también le da igual».

He pensado varias veces en aquellas clases durante estas semanas en las que la mayoría de los medios de comunicación españoles han dedicado todo espacio y su tiempo a contar, opinar, interpretar y hacer vaticinios –muchos de ellos no cumplidos, aunque esa autocrítica sea otro cantar– acerca de Cataluña, sin hueco para el resto de noticias que ocurrían en el mundo, algunas graves y otras muy graves. Voy a citar tres de ellas: una relacionada con Siria, otra con el cambio climático y otra con los rohingyas.

A principios de noviembre el equipo de investigadores de la ONU y de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas presentó ante el Consejo de Seguridad sus conclusiones sobre el ataque con gas sarín perpetrado en la ciudad siria de Jan Shijún el 4 de abril. La masacre, que dejó más de cien muertos, conmocionó a la comunidad internacional y a todos nosotros, que vimos a decenas de personas, muchos de ellos niños, convulsionando hasta dejar de respirar ante las cámaras de los reporteros que cubrían el conflicto. Siete meses después, cuando el informe definitivo concluye que hay pruebas contundentes que apuntan al régimen sirio de Al Assad, la noticia apenas tiene espacio en la prensa española. A quién le importa un país desangrado, los millones de muertos y las ciudades arrasadas. A quién le importa ya Siria.

Otro de los asuntos prácticamente obviados durante estos días ha sido la Cumbre del Clima de Bonn, la COP23. Según datos de la OMS la polución, entre otros perversos efectos, mata cada año a 6,5 millones de personas. Lo que se decida en Bonn establecerá las reglas para el cumplimiento del Acuerdo de París, con Estados Unidos, por primera vez, fuera de juego. Y qué más da.

En tercer lugar quiero mencionar el éxodo de los rohingyas, la etnia musulmana de Birmania que ha huido de Myanmar tras una operación que la ONU ha bautizado como «limpieza étnica de manual». El ejército birmano ha quemado sus casas, violado a sus mujeres y asesinado a familias enteras como represalia a una revuelta que se produjo en agosto. Ver a decenas de miles de rohingyas caminando por una estrecha lengua de tierra hacia Bangladesh –sin comida, sin lugar de acogida ni de regreso–, es uno de los ejemplos más lúcidos de hasta dónde puede llegar la barbarie humana y hasta dónde el espíritu de supervivencia. La líder del país que les expulsa es una Premio Nobel de la Paz, pero quiénes son esos rohingyas.

Estos días, además de al profesor de Redacción Periodística, he recordado al de Relaciones Internacionales. Entraba por la puerta después del primero y también le iba echarnos la bronca: «¡No me seáis ingenuos ni cortoplacistas, leñe! –soltaba como un exabrupto cuando alguno sugería que lo que importaba era lo que nos tocaba cerca–. Lo que ocurre en la otra parte del mundo, por muy lejos que parezca, acabará repercutiendo directamente en nosotros. Sólo es cuestión de tiempo».

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