Imágenes

JUAN FRANCISCO FERRÉ

Estamos en 2049. Un cazador de recompensas españolista se dispone a eliminar a ocho androides independentistas huidos de un centro de confinamiento estatal. ¿Cómo se llama la película? ¿'Blade Runner' en BCN? Esa película no existe aún. Nos hemos adelantado en el tiempo. Rebobinemos las imágenes. Estamos otra vez en la mañana del primero de octubre de 2017. Ahora sí. Un 'mercenario' español golpea con la porra a los catalanes que se le ponen a tiro. Paremos la imagen. Ya estamos donde queríamos. O donde querían los separatistas, más bien. Una exhibición gratuita de violencia policial contra la ciudadanía de un país ejemplo de modernidad.

La guerra de las imágenes es infinita. Las imágenes dan la vuelta al mundo, impresionando retinas con pasmosa facilidad, y cuando vuelven al lugar de origen ya no las reconoce ni la máquina que las parió. Si hoy Puigdemont, contra todo pronóstico, proclama la independencia de Cataluña, será una victoria de la imagen sobre la realidad. Si Rajoy replica, encarcelándolo o aboliendo el autogobierno, tendremos más imágenes espectaculares de la represión de la libertad de un pueblo. La guerra de las imágenes es mucho más difícil de ganar que la de los hechos o las ideas. La tiranía visual dicta lo que debemos pensar y decir. La imagen de un rey envarado y un presidente de gobierno pusilánime y mal aconsejado tienen su impacto profundo en el inconsciente de los ciudadanos.

Las imágenes del fútbol, con estadios vacíos o plagados de esteladas, también cuentan en los cálculos independentistas. No es casual que Jaume Roures, rey televisivo del fútbol español, patrocine la secesión catalana. Con una plataforma mediática como Mediapro al servicio de sus intereses, Roures tiene mucho que ganar en el lavado de imagen de las élites. Que lo diga Artur Mas, triste marioneta del maquiavélico David Madí, representante de esos burgueses de grandes familias, altos cargos de grandes corporaciones, que apoyan la independencia, otra imagen histórica, creyendo que el control total de los impuestos los hará aún más ricos y poderosos a costa de los catalanes del montón que toman las calles o se quedan en casa a ver la revolución en el televisor.

La imagen de marca es la realidad dominante del tiempo mediático. Los organizadores de la manifestación del domingo en pro de la unidad de España también lo saben. La exhibición de banderas nacionales en un entorno multitudinario es la publicidad política más eficaz. La democracia son números y también imágenes. Los dígitos de las cuentas, electorales o financieras, que no le cuadran a Puigdemont. Y las imágenes digitales en las que las cifras del negocio capitalista juegan un papel decisivo.

Con la fuga simbólica de bancos y empresas, otro lavado de imagen, la Cataluña independiente ya calibra lo poco que vale su imagen en los mercados.

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