Todo igual 25 años después

Desde 1989 en que se transformó radicalmente, el mapa hospitalario de Málaga en una operación a tres bandas entre Universidad, Junta de Andalucía y Diputación Provincial ha permanecido inalterado

ANTONIO MANTECA GONZÁLEZMÉDICO Y EXDELEGADO PROVINCIAL DE SALUD

Dado que en los últimos meses se vuelve a suscitar públicamente la necesidad de la definición de cobertura hospitalaria para la población de Málaga capital, no está de más recordar qué sucedió en la última remodelación de la distribución de esa cobertura allá por el año 1989, que fue la última vez que se planteó esta cuestión, y cómo se llevó a cabo, debo aclarar que en el supuesto de hablar siempre de la clásica visión de hospitales de agudos, quizás habría que dedicar un desarrollo más exhaustivo de cuáles son las necesidades sanitarias del siglo XXI en materia de atención sanitaria institucionalizada: hospitales de corta estancia, de alta resolución, de crónicos, de cuidados intermedios, unidades de diagnóstico rápido, residencias asistidas.

El que esto escribe ocupaba a la sazón el puesto de delegado de la Consejería de Salud y al mismo tiempo el de gerente del SAS, cargo este que dejó de existir tras mi marcha.

Sería un poco complicado contextualizar el clima social, político y sanitario de aquellos momentos, tan sólo baste recordar que hacía muy poco tiempo que se había constituido la Junta de Andalucía, que esta había asumido las competencias sanitarias procedentes del Insalud, que se había promulgado la Ley General de Sanidad y que se había constituido el Servicio Andaluz de Salud.

En este bosquejado contexto se planteaba en la provincia la conformación de su red de hospitales comarcales, siendo el único existente en ese momento el de la Axarquía. Esto se fue desarrollando a lo largo de los años en que estuve como responsable de la sanidad malagueña con la integración de los hospitales municipales de Ronda (hospital municipal este último que se unió al integrado procedente de la Caja de Ahorros de Ronda, Sagrada Familia) y de Antequera -posteriormente se transformaría en un hospital de nueva planta construida en los terrenos que cedió la Caja de Ahorros de Antequera- y el impulso a la apertura y puesta en marcha del hospital de Marbella, cuya construcción se hallaba paralizada.

En Málaga capital se daba una especial coyuntura: un casi acabado de construir pero paralizado y vacío Hospital Clínico impulsado por la Universidad, una antigua residencia sanitaria Carlos Haya y el Hospital Civil perteneciente a la Diputación Provincial. Las estructuras sanitarias de la Administración local se estaban integrando todas en la red del Servicio Andaluz de Salud añadiéndose a todas las procedentes de la antigua red de la Seguridad Social; por tanto, el Hospital Civil había de tener ese destino último. Esta triple coyuntura se pretendió resolver con una solución única que implicaba una negociación a tres bandas, entre la Junta que yo representaba, la Universidad y la Diputación. La solución que se gestó, y que fue la que finalmente se adoptó, fue integrar el Hospital Civil y trasladar todo su contenido, su personal íntegro, a las instalaciones del vacío Hospital Clínico.

Fueron negociaciones arduas, con la Universidad, la Diputación y lógicamente sus trabajadores a través de sus representantes sindicales. Hubo largas negociaciones, tanto públicas como privadas y hubo una intensa participación de la ciudadanía malagueña y de sus medios de comunicación. Hubo manifestaciones, tribunas periodísticas y todo tipo de intervenciones, apasionantes e instructivas.

Uno de los temas candentes fue qué se hacía con el histórico edificio del Civil y con sus terrenos. Se llegó a decir que se cerraba un hospital, ante lo que se aducía que no, que simplemente se trasladaba. En cualquier caso, recuerdo nítidamente que una tarde Norberto Sanfrutos, a la sazón viceconsejero de Salud, que llevaba las riendas de las negociaciones y pasó en ese tiempo largos periodos en Málaga, me comunicó que había que dar una solución al edificio del Hospital Civil, en términos de uso sanitario -la transferencia de uso por parte de la Diputación, uso o usufructo, que no patrimonio, a ello obligaba por otra parte-, con lo cual esa misma noche constituí un comité de urgencia de cuatro personas, yo una de ellas.

Decidimos qué íbamos a aprovechar para que esa solución implicara un desahogo de las instalaciones de Carlos Haya, un hospital al que sus costuras le estallaban por crecimiento, lo venían haciendo desde las últimas décadas y la última gran remodelación había sido la apertura del Materno-Infantil en 1981 y el traslado a este de toda la pediatría y gineco-obstetricia que se hallaba en sus antiguos pabellones, y esas costuras le seguían estallando en el año del que estamos hablando, 1989. Concretamente, la peor situación era la del pabellón B, el llamado nuevo, que si se observa, como bien me decía su entonces gerente José Miguel Martínez, tenía una estructura carcelaria, muy parecida a la de Carabanchel de Madrid o a la Modelo de Barcelona, con tres brazos de hospitalización, cuatro si se contempla el brazo quirúrgico de las primeras plantas, y una columna o eje central de circulación común tanto de pacientes, familiares, profesionales, material, víveres y basuras, precisaba con urgencia un desahogo. Se decidió uno de los brazos de hospitalización sustituirlo por zona administrativa y desplazar la hospitalización de ese ala al Hospital Civil, acondicionando este último edificio para otros usos hospitalarios en expansión de Carlos Haya, con lo cual se convirtió en su pabellón C.

El resto de los terrenos circundantes al Hospital Civil, del que recordemos que se transfería solo su uso sanitario, seguía siendo patrimonio de la Diputación, terrenos cuyos responsables me recordaban que tenían pactado un destino con el Ayuntamiento de Málaga: su conversión en parque de uso público y la cesión de una parte de esos terrenos para construir un centro de salud, destino que nunca se ha llegado a concretar a lo largo de todos estos años, su destino en cambio ha sido tan sólo el de gran aparcamiento.

Desde 1989 en que se cerró esta operación a tres bandas que aquí he descrito muy someramente entre Universidad, Junta de Andalucía y Diputación Provincial, ha permanecido, inalterado, el mapa hospitalario de Málaga en esta situación de statu quo, e igual en toda la provincia, a grandes rasgos.

En los cuatro años en que fui delegado de Salud se transformó radicalmente el mapa hospitalario de Málaga, y tal como lo dejé a mi marcha así lo sigo contemplando 25 años después.

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