Huir es de cobardes

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

HUIR es de cobardes. Es una frase hecha que, como casi todas, es una realidad casi absoluta. Normalmente hay quien huye por otros motivos, pero siempre lo hace quien tiene algo que ocultar, quien ha cometido algo malo. Pero estar diez años huyendo de la Justicia, buscando la prescripción de sus delitos, escondiéndose de unos y de otros, con el corazón (es un suponer) en un puño, también es estar en la cárcel, aunque no lo parezca. Huyó de sí mismo y de su propia cobardía. Eso es lo que le ha pasado a Carlos Fernández, quien no sólo se escondía, sino que utilizó el bisturí (como tantos/tantas compañeras de la corporación marbellí en la que estuvo, aunque por distintos motivos...) para no ser reconocido. Un prófugo en toda regla que ha penado sus delitos con una vida oculta y alejada de los suyos. Y todo por evitar la cárcel. No le arriendo la ganancia, sobre todo porque Carlos Fernández no sólo tuvo que esconderse, sino cambiar totalmente de vida, de hábitos y de aficiones. Carlos Fernández, la gran 'esperanza' del PA en la Costa del Sol, no sólo traicionó a los suyos, sino también a él mismo. Viendo su aspecto, y comparándolo con el que tenía Julián Muñoz este verano tomando el sol en la playa marbellí, no se sabe bien discernir quién ha estado en la cárcel y quién no...

El ex concejal, uno de los ideólogos de la trama que sacó de la Alcaldía a Julián Muñoz, monigote de otro gran experto en prescripciones penales como fue Jesús Gil, ha vuelto a la actualidad porque se ha entregado. Es otro. Mejor, parece otro. Lo que ocurre es que su vuelta nos ha traído de nuevo a la cara el caso Malaya, que se niega a abandonarnos, a desaparecer de la escena. Hay conceales de aquella infame bancada que aún están en la cárcel, donde él ha evitado ir sin pasar una noche tranquilo. No me gustaría estar en el pellejo de nadie, pero mucho menos en el suyo. Fernández no sólo 'vuelve' él, sino que nos 'devuelve' Malaya, nos la pone de nuevo en la mesa, para tristeza de quienes queremos, como sea, olvidar aquella página negra de desvergüenza y choriceo, que tuvo, no lo olvidemos, a un gran capitán llamado Gil, que seguimos muchas veces olvidando las cosas.

Marbella sufrió un linchamiento económico y moral. Los malagueños y ciudadanos de bien, un linchamiento mental. Y ellos fueron los culpables, incluido Carlos Fernández, un 'valiente' concejal que salió por patas cuando vio que lo habían pillado con el 'carrito de los helados'. No sé si habrán prescrito o no los cargos contra él; ni siquiera sé si irá o no a la cárcel, de lo que no me cabe la menor duda es que nunca podrá evitar que todos lo vean como un cobarde y un prófugo, y eso no es plato de gusto para nadie. Lo que no sé es si su entrega servirá para que nos enteremos de lo que de verdad se llevaron de Marbella, amén de todo lo demás. Sólo él y unos cuantos más saben bien lo que hicieron.

Fotos

Vídeos