LA HUIDA HACIA ADELANTE

DIEGO CARCEDO

El proceso soberanista iniciado hace años por las autoridades catalanes ha entrado en la última fase: la huida hacia adelante. Quienes promovieron semejante desacato a la Constitución y las leyes ya no tienen nada que perder. El entramado pseudolegal que montaron desde el poder autonómico para intentar justificar su iniciativa con una cobertura jurídica, lejos de conseguir los objetivos que pretendía sólo les está sirviendo para atentar contra la democracia y hacer el ridículo.

A estas alturas es evidente que el referéndum ilegal convocado para el domingo no pasará de una pantomima en que votantes furtivos y cumplidores de las disposiciones judiciales jueguen al gato y el ratón. No será ni válido ni serio aunque nadie dudará que será mostrado por los convocantes como un triunfo y probablemente como la justificación para proclamar la independencia que, sin el más mínimo respaldo ni apoyo internacional pretenden.

Que se haya llegado a esta situación límite requerirá la exigencia de responsabilidades, primero por la delictiva actuación que implican ciertos hechos graves y después, por los daños causados, que no son pocos, empezando por la economía, el deterioro de la imagen púbica de Cataluña y acabando por lo peor, la fractura de la convivencia. Los promotores, con el presidente Puigddemont, su Gobierno y la presidenta del Parlamento, Forcadell, lo saben. Han calculado mal, han ido muy lejos y, efectivamente ya no tienen vuelta atrás.

Les queda, por lo tanto, la huida hacia adelante: justificarse ante los suyos, mantener vivo el fanatismo del nacionalismo, llenarse de razones para hacer creer fuera que los catalanes son un pueblo oprimido y reprimido por el colonialismo español -donde se encarcela a los políticos y se reprimen las libertades-. Para ello intentan contar con la aportación de los medios de comunicación.

Las escenas que previsiblemente se podrán fotografiar el domingo en el forcejeo por depositar el voto en alguna urna improvisada serán explotadas por la propaganda del proceso. El del domingo es un trance que habrá que pasar y confiar que pase sin las imágenes de violencia que los secesionistas necesitan para poder mostrar ejemplos de recurso a la fuerza y de víctimas para perpetuar héroes. Una huida hacia adelante que se prolongará con nuevos episodios en los días siguientes.

Lo que ocurrirá a partir de esos momentos, como la anunciada proclamación unilateral de independencia, no pasará, de producirse, de la escenificación de un esperpento político más entre tantos como ya hemos contemplado. Lo verdaderamente importante entones será cómo se enfoca, desde ambos lados, el futuro inmediato. El Gobierno de Rajoy no podrá mantenerse con los brazos cruzados.

Y el de Puigddemont, no podrá seguir retando al Estado de Derecho como ha venido haciendo. Aparte de sus responsabilidades penales, que con bastante probabilidad le serán exigidas, también tendrá que responder ante la sociedad de haberla colocado al borde del precipicio, haberla enfrentado y haber denigrado a la mitad de los catalanes con un desprecio cuasi supremacista y amenazador.

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